miércoles, 20 de marzo de 2013

Ascenso del poder tecnocrático y desprestigio del sector social en Honduras









POR JORGE MARTÍNEZ MEJÍA

No tengo ninguna intención de discutir la potencia y capacidad del Frente Nacional de Resistencia Popular en este artículo, el análisis de coyuntura ligado a él aún se encuentra anclado al 28 de junio.

Sin embargo, tengo interés en hacer un aporte en la observación de cierto ascenso de la tecnocracia respaldada por el Departamento de Estado de Los Estados Unidos de Norteamérica, y el inicio de un decrecimiento de la capacidad de poder del movimiento social en Honduras.

Para colocar el tema en el tapete, baste decir que con la Ley de Reajuste Estructural de la Economía se inicia en el país una etapa feroz en la instauración del modelo neoliberal, y que la presencia de tecnócratas en altos niveles de gobierno no precisamente es nueva, pero estos antecedentes pueden rastrearse fácilmente, y en el rastreo, los tecnócratas se observan  en  sujeción a los partidos políticos tradicionales, o a los grupos de poder que han ejercido su dominio en el gobierno de manera permanente.

Por otra parte, puede observarse en el sector social, ciertos gremios, sindicatos y organizaciones campesinas, vulneradas y dominadas tradicionalmente por los caciques de los partidos tradicionales, gobierno y parlamento, quienes les han asignado un rol de choque y balance de fuerzas para mantener su estatus dominante.

Sin embargo, como una variante a esta situación, y como resultado del desgaste y deslegitimación de los partidos tradicionales y el aparato de gobierno, en los últimos años se ha ido configurando una red de tecnócratas vinculados a la producción de políticas públicas, leyes e iniciativas que inciden de manera directa en la ciudadanía, pero que su funcionamiento orgánico se encuentra más orientado al debilitamiento y desintegración de una importante base del sector social. Habría que nombrar entre los más visibles a tres tecnócratas claves que han ido forjándose como piezas de un engranaje de poder naciente: Arturo Corrales Álvarez, Julieta Castellanos y Julio Navarro. Cada uno con características y estilos diferentes, han construido sus propios centros de producción de información y pensamiento. Habría que incluir a Marlon Escoto que ha convertido a la Secretaría de Educación en un centro de acopio informático con el que ha logrado controlar en su espacio de dominación al gremio magisterial. 

El creciente prestigio y consolidación de esta red no tiene ninguna discusión. Su poder de influencia va más allá de la admiración de los políticos del patio y del reconocimiento público de la Embajada Norteamericana. Su ubicación en espacios estratégicos, especialmente el de la educación, la salud y las relaciones exteriores (La Universidad Pedagógica, la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, La Secretaría de Educación, la Secretaría de Salud, la Cancillería y el Banco Central) entre otros organismos no estatales, dice no sólo de un proceso político que no ha sido aún analizado y que vale la pena considerar, puesto que implica no solo la facturación de cambios positivos en la administración de las instituciones a las cuales están vinculados, sino de un enfoque de acciones en el que la destrucción de la organización gremial es una táctica para operar libremente o sin ninguna oposición.

En la Universidad Pedagógica, la Universidad Nacional Autónoma, y la Secretaría de Educación pueden observarse los mismos procesos, diseñados por tecnócratas que consideran a la organización gremial como una falla, un problema a eliminar. El procedimiento es sencillo, crear una Ley Fundamental o el marco jurídico desde el cual operar sin cortapisas. Desde ahí se origina la operación de asfixia económica tanto de los dirigentes gremiales como de las estructuras gremiales.

Considerando la trascendente importancia que implican las organizaciones gremiales estructuradas sobre la base del sistema educativo nacional y de salud, no puede dejar de observarse que la labor destructiva de los tecnócratas obedece a una política de debilitamiento y destrucción del sector social en Honduras.

Por otra parte, el desempeño estratégico de los tecnócratas en el manejo de los asuntos financieros relacionados con la actual situación económica del país, de su papel como agentes y contraparte, tanto del Estado como de organismos internacionales, les ha ido colocando en una posición de poder privilegiada, ya que pueden manejar una importante porción del presupuesto nacional.

Como el tema da para más, para nadie es extraño que pronto podríamos tener  a un tecnócrata de presidente, y que esa será la coronación de una casta que es capaz de arrancarle el derecho de autogobernarse a un pueblo, en su desmedido narcisismo intelectual.



domingo, 17 de marzo de 2013

Un camino digno de tu nombre: Comandante Chávez






Por Jorge Martínez Mejía





Me vas a disculpar Comandante Chávez, pero no suelo hacer poemas por encargo, ni por moda ideológica, ni porque digan que soy revolucionario. Es más, elegías sólo tengo una que escribí con lo de Moisés Landaverde, y fue que no pude contenerme. Ese es el único poema que con vergüenza he leído en los mercados. Con vos es diferente, a vos no te escribo un poema, sólo quiero contarte estas palabras inconexas, porque además, ¿Qué es eso de andar escribiendo poemas en tiempos en que a nadie le importa la poesía? a los poetas menos. Un verdadero poeta es fiel a su tiempo. Y, en este tiempo de miseria ¿Para qué poetas? A vos te fascinaba declamar ese poema del Libertador, un poema modernista, anticuado, pero se te escuchaba bien, soberbio, como si vos lo hubieras hecho. Lo declamabas desde pequeño, porque eras poeta de pueblo, de escuela rural, poeta de un viejo sueño.

A mi me fascinó tu descubrimiento. Los oligarcas nos habían convertido en microbios, en hombres desnudos y sin nombre. Y vos nos llamaste Hijos del Libertador, herederos legítimos de nuestra historia. Y te llamaron diablo de la vida, Satanás, fuerza oscura. Pero gritaste alto y quebraste el oprobio, abriste arterias nuevas y verdades. Y la brújula encontró su norte en el sur, como tenía que ser.

Ahora estás ahí, en ese lugar reservado a los prudentes, a los polares, a los superhombres que danzan en la razón de Dios.

Ya no hay miedos, ni selvas, ni entelequias. Sólo estás vos y nosotros. Con la herencia de nuestros calamitosos poemas construiremos un camino digno de tu nombre. Comandante Chávez.







sábado, 2 de marzo de 2013

El Aguán: Clamor de justicia

 


Imágenes de campesinos asesinados en El Aguán
 
 
 

Por Jorge Martínez Mejía
 
 
Era de esperarse. El manto de sangre que baña toda la extensión del territorio hondureño sólo sirve de cortina a la masacre continuada en el Aguán.
 
 
En San Pedro Sula y Tegucigalpa, centros de la información del país, se vive en medio de una incesante lluvia de violencia informática que ya ha alcanzado sus más altos niveles en la historia.

Cualquiera que abra un diario, encienda un televisor o una radio para escuchar los noticieros, puede pensar que se trata de una sociedad secuestrada por el comúnmente conocido crimen organizado. Sin embargo, se trata de un fenómeno complejo por la infinidad de percepciones que es capaz de sucitar. En general, la violencia en Honduras suele achacarse al narcotráfico, a las reyertas entre maras, al asesinato contratado o sicariato, al parricidio, al homicidio sin causa, etc. Otros, prejuiciados por la ideología o el tema político, preferimos considerar que se trata de conspiraciones oscuras, paramilitares, escuadrones de la muerte; otros, de signo inverso, prefieren considerar la idea del boicot a la gobernabilidad por parte de grupos insurgentes clandestinos, antisociales, rebeldes sin causa, resentidos sociales, enfermos de venganza política; en fin, ven mosntruos debajo de los asientos de su carro.
 
Sin embargo, lo que no se puede ocultar, es que después de la llegada de Rafael Leonardo Callejas a la presidencia, es decir, de la inauguración del Neoliberalismo salvaje que destruyó de manera directa el incipiente y doloroso proceso de reforma agraria, desde el Estado mismo, Honduras comienza su ingreso al infierno en que vivimos ahora.
 
Pequeñas y vivaces comunidades que despertaban de manera casi espontánea hacia un desarrollo sostenible y novedoso, producto del auge de las ideas socialistas del cooperativismo agrícola, de las empresas asociativas y de las comunidades agrícolas de asociación colectivista, fueron maquiavélicamente orilladas a su desarticulación desde el gobierno mismo, para que insaciables capitalistas como Miguel Facussé, entre otros, se hicieran no sólo con la tierra, sino con el comercio, la fuerza laboral y la incipiente industria regional.
 
La supuesta apertura política que dio al traste con las organizaciones revolucionarias que salieron en desbandada con la caída del muro de Berlín, no tenía otra intención que hacerse con el botín de los recursos de la nación, entre ellos las tierras del Aguán, sin ningún tipo de oposición. Los oportunistas que abandonaron las banderas de la lucha agraria convirtiéndose en explotadores del campo y fundaron partidos para aliarse en la práctica con los oligarcas, jugaron a llenarse los bolsillos, mientras en el campo,  los campesinos y los artesanos empezaron a ver disminuidas sus esperanzas.
 
Miles de artesanos, campesinos, y pequeños empresarios agrícolas se convirtieron en asalariados miserables, mientras el capitalista incrementaba sus caudales. Las emergentes ciudades comenzaron a apagarse para convertirse en fantasmales aldeas, o en ciudades cementerio.

Los grupos poderosos secuestraron el aparato del Estado y desde el Estado violaron y siguen violando los derechos humanos de los ciudadanos. El mayor responsable de los asesinatos, los crímenes de lesa humanidad, como las masacres en los centros penales,  la persecusión y muerte selectiva, la creación del clima de terror  la violencia sistemática y generalizada contra la población civil, se ha desatado desde el Estado y sus aparatos represores. Se mata individualmente o en masa a los jóvenes, trabajadores, campesinos, indígenas, periodistas, abogados vinculados a la defensa de los derechos humanos, amas de casa, niños y niñas.
 
La bestialidad horripilante, la saña, el desprecio manifiesto de la vida, las violaciones de mujeres por grupos de policías, la emboscada, el toletazo, la mordida, la extorsión, la intimidación del uniforme, la desidia en la investigación, el grito y la falta de atención a los humildes; si bien es cierto es una violencia que no puede achacarse en su totalidad al Estado, corresponde a un sistema en el que el Estado es el principal responsable.
 
Las Fuerzas Armadas y la Policía apuntan sus armas contra la población civil a la que desarman, mientras defienden a los poderosos y les permiten mantener arsenales que utilizan en contra de los ciudadanos humildes.
 
En el departamento de Colón, la población ya comenzó a darse cuenta que la Policía y el Ejército no son sus aliados ni sus protectores, porque de ellos y los grupos paramilitares provienen las balas que han hecho aumentar el asesinato de campesinos.
 
De continuar el hostigamiento a la población civil por parte de las fuerzas del Estado, la insurrección es un hecho que nadie podrá detener. Ni miles de asesinatos horrendos en las calles de Tegucigalpa y San Pedro Sula podrán callar el clamor de la justicia.





 
 
 
 
 
 
 
 

martes, 26 de febrero de 2013

La vergüenza de vivir en Honduras



 
 


 Por Jorge Martínez Mejía

 
Cuando "los de arriba" ya no pueden, y "los de abajo" ya no quieren, estamos ante una "situación revolucionaria"
Lenin
 
 
 
En el famoso video "El Tigre Bonilla, la cara del mal en Honduras", independientemente de quién lo haya filtrado, es necesario detenerse no en el dato del 2009, relacionado con el ingreso del presidente Zelaya a través de la frontera con Nicaragua, sino en el video de la masacre de los dos jóvenes que no pudieron salvarse de semejante atrocidad. 
 
Sería una verdadera estupidez no concentrar la atención en tan importante documento que no ha sido todavía leído con la atención adecuada. En dicho documento, en el que se logra observar el modus operandi de un escuadrón de exterminio abierto, se pueden percibir no sólo el hecho de la emboscada, la fuga oportuna de tres de los cinco jóvenes, sino un mecanismo orientado a una finalidad que vale la pena desentrañar.
 
Si existe un objetivo en este operativo de exterminio, quizás no se encuentra en la satisfacción de una morbosidad absurda. Se trata de una actividad coordinada. Dos vehículos tipo camioneta de la que bajan de manera estructurada cuatro individuos de cada vehículo y realizan una acción de ejecusión express.  El primer vehículo se detiene y a toda prisa bajan de él cuatro individuos, algunos portando cierto tipo de chaleco, todos armados, detienen, encañonan, y sin preámbulo ejecutan a los dós jóvenes que no pueden más que recibir la más brutal e inesperada de las muertes. Los otros tres jóvenes que salen corriendo perciben desde su ángulo el grave peligro y huyen en veloz carrera. Los otros cuatro individuos que han bajado, también a toda prisa de la otra camioneta, les disparan lo más pronto que pueden y les persiguen unos veinte pasos, luego regresan mientras los otros cuatro montan guardia y ejecutan a los dos jóvenes que yacen indefensos.

Yo creo que se trata de un ejercicio militar de exterminio urbano, y supongo que este tipo de ejercicio se ha implementado a partir del golpe de Estado del 2009. Digamos que también podría tratarse de un ejercicio militar de una banda de entrenamiento de sicarios, pero yo prefiero pensar que se trata de un grupo paramilitar que realiza ejercicios de entrenamiento no sólo para desarrollar la destreza de disparar certeramente, sino para insensibilizar aún más al humanoide. 
 
Si estoy en lo cierto y no se trata nada más de una "escuela de sicarios" sino de un escuadrón militar urbano de eliminación selectiva, entonces, sí, realmente "los de arriba" ya no pueden gobernar", pero los de abajo todavía no se dan cuenta del todo. Si mi percepción no me engaña, este video es ´más importante que el de la "planificación, captura o asesinato de Mel".  
 
Pero sería totalmente ilusorio pretender que no se trata de una verdadera corporación de sicarios que ha construido un escenario de terror en todo el país con el propósito de insensibilizarnos respecto de la masacre continuada en que vivimos. Desde esta perspectiva, la ola de criminalidad violenta, el alto índice de asesinatos que ya supera a los 88 por cada 100 mil habitantes, es responsabilidad directa de las estructura policiales y militares.
 
Este sólo dato faculta al Soberano, al pueblo hondureño, para pedir la cabeza no sólo del Director de la Polícía, del Ministro de Seguridad, sino la del presidente Lobo, la del presidente del Legislativo, y la del presidente de la Corte Suprema.  Pero ¿Es esto una ilusión? ¿No puede existir en este país un reclamo inmediato que mande al carajo a tanto criminal empotrado en las estructuras policiales y militares? ¿Vamos a tener que esperar a una elecciones para cambiar semejante bochorno de gobierno? ¿O es que ya estamos suficientemente maduros de insensibilidad que no podemos percibir que es preferible morir armados en una guerra frontal a esperar que nos maten en cualquier calle como a perros?
 
El discurso que está detrás de estos crímenes en el que se observa un abierto y descarado desprecio por la vida, sin que las "autoridades" hagan nada, nos obliga a darnos cuenta que no pueden gobernar, y que nosotros estamos cansados de ver a nuestros hermanos hondureños caer como pollos sin que su vida ni su muerte reprsenten nada. Nos obliga a darnos cuenta que estamos en una situación revolucionaria, y que tarde o temprano esas armas serán dirigidas militarmente contra nuestro pueblo, a plena luz, porque su incapacidad de gobernar está directamente ligada a nuestra capacidad de tolerar la vergüenza en que se ha convertido vivir en Honduras.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

jueves, 21 de febrero de 2013

Un tropel de sangre





Sivno: Imagen de Jorge Martínez Mejía




Por Jorge Martínez Mejía




Recostado en un muro, en las afueras marginales de la ciudad, veo una rata muerta, ya apestosa. Es enorme, con sus orejas verdes, calcinadas.

Otra vez el día se ha desbordado como un trapo sucio. Bella, en la náusea en que todo concluye, la rata es la única verdad, cuajada en el crecimiento que asimilará la estúpida vida.

Un pastor de iglesia la derrengó a pedradas y a leñazos. Vomitando sangre aún, la arrastró con una pala y la lanzó contra el muro. Allí, entre periódicos viejos le prendió fuego, se sacudió las manos y se fue sin persignarse.

Ahora apesta el animal cocido y las moscas deambulan en el festín.

Sobre una roca pequeña, contra el muro hollinado, un niño vende pequeños balones de chocolate.

Más arriba, en el horizonte que imagino oscuro, vislumbro un tropel de sangre, imperturbable, corriendo hacia la luz brillante de miles de huesos pulidos por el viento.







(De Poemas para las ratas)




domingo, 17 de febrero de 2013

CONSIDERACIONES SOBRE POESÍA MEXICANA CONTEMPORÁNEA



Vientos del siglo. Poetas mexicanos 1950-1982
Margarito Cuéllar (Compilador,Coordinador,Prólogo,Notas), Mario Meléndez (Compilador, Notas), Luis Jorge Boone (Compilador, Notas), Mijail Lamas (Compilador, Notas)
Programa Editorial de la Coordinación de Humanidades/UANL
Colección: Poemas y Ensayos
México 2012
P.P. 544
Poetas de la muestra: Efraín Bartolomé, José Luis Rivas, Coral Bracho, Eduardo Langagne, Víctor Manuel Cárdenas, Héctor Carreto, Mario Santiago Papasquiaro, Ricardo Castillo, Vicente Quirarte, Víctor Manuel Mendiola, Fabio Morábito, Jorge Valdés Díaz-Vélez, Javier Sicilia, Luis Miguel Aguilar, Silvia Tomasa Rivera, Jorge Esquinca, Minerva Margarita Villarreal, José Ángel Leyva, Juan Domingo Argüelles, Baudelio Camarillo, José Javier Villarreal, Tedi López Mills, Sergio Cordero, Dana Gelinas, María Baranda, Roxana Elvridge-thomas, Jesús Ramón Ibarra, Jorge Fernández Granados, José Eugenio Sánchez, Samuel Noyola, José Homero, Ernesto Lumbreras, Felipe Vázquez, León Plascencia Ñol, Mario Bojórquez, Julio Trujillo, Claudia Posadas, Ofelia Pérez-Sepúlveda, Julián Herbert, Luis Vicente de Aguinaga, María Rivera, Jorge Ortega, Álvaro Solís, Balam Rodrigo, Carlos Adolfo Gutiérrez Vidal, María Cruz, Rogelio Guedea, Eduardo Padilla, Eduardo Saravia, Jair Cortés, Francisco Alcaraz, Hernán Bravo Varela, Óscar de Pablo, Iván Cruz Osorio y Alí Calderón.
El siguiente texto fue leído en la presentación del libro Vientos de siglo. Poetas mexicanos 1950-1982, el pasado 3 de marzo en el la Feria del Palacio de Minería.

Por Mijail Lamas



Ha sido superada la valoración de tradición de la ruptura que se extendió en México con mayor fuerza a partir de la publicación de Poesía en movimiento y que terminaría imponiéndose como “inconciente y secreta continuidad”, así como manera casi única y legítima del desarrollo del quehacer poético (impuesta gracias a la fuerte intervención de Octavio Paz en la vida cultural del país)[1]. En este escenario una nueva recopilación de voces de la poesía mexicana ya no atiende necesariamente a dicho precepto. El impulso de homogenizar la escena poética en un solo registro parece haber quedado atrás  para admitir que el eclecticismo y la heterogeneidad son un impulso legítimo de la modernidad puesta en crisis. Se debilita entonces la restricción de un canon que sólo admite un tipo de poesía que emplea recursos estructurales de “apertura” o tomados de las vanguardias históricas.


Muestra de este cambio son dos trabajos que anteceden al que hoy nos ocupa y que representan un acercamiento interesante al fenómeno poético nacional de los últimos diez años; me refiero a La luz que va dando nombre: Veinte años de la poesía última en México 1965-1985 El oro ensortijado, poesía viva de México. La primera propone una lectura desde la identificación de ocho distintos lenguajes de la poesía mexicana actual,[2] a la vez que alienta el diálogo y la discusión sobre las distintas interpretaciones del fenómeno poético y apoya la visión de una poesía mexicana diversa. La segunda propone una lectura que reúne una colección de poemas de importantes poetas vivos de México, de ahí la variedad de registros que, sin embargo, coincide en poemas de elevada precisión expresiva y una fuerte connotación delpathos, estos últimos como elementos estéticos de mayor valoración para los antólogos. Ambas privilegian la importancia del poema como objeto de estudio, por encima de la filiación estética de los autores.
Es por eso que mi contribución en Vientos del Siglo, coincide con estos dos esfuerzos al intentar definir de manera mucho más amplia las formas que impulsan nuestra poesía actual.
Tensiones de la tradición
 
El juicio recurrente acerca de que la poesía mexicana no ha corrido riesgos formales o de ruptura como la poesía sudamericana de vanguardia o aquellas que la preceden, ofrece un último intento por mantener vivo el cliché crítico de una literatura nacional conservadora. Sin embargo, para nosotros ser modernos (o posmodernos) se ha convertido en una fatalidad, habitantes del mundo contemporáneo. En el momento histórico en que surge Poesía en movimiento, se busca desprender las ramas de los lenguajes explorados durante el modernismo, que seguían presentes en muchos poetas descartados por los antólogos. Desde entonces la poesía mexicana sobresale por utilizar procedimientos que experimentan desde la connotación del pathos; la innovación formal atiende a una necesidad emotiva. Los poetas mexicanos que encarnan mejor el impulso de exploración y ruptura, en distintos niveles del lenguaje, han sido José Juan Tablada, Manuel Maples Arce, Salvador Novo, Gilberto Owen, Octavio Paz, Abigael Bohórquez, Gerardo Deniz, José Vicente Anaya, Max Rojas, David Huerta, Coral Bracho, José de Jesús San Pedro y Ricardo Castillo entre otros y se extiende hasta nuestros días. La importancia de estos en el escenario de nuestra lírica nacional nos dice lo contrario de aquellos que alegan una poesía mexicana conservadora. Tal vez se le reproche a la poesía mexicana no haber redundado en escuelas de manifiestos vanguardistas, no obstante, sus individualidades han repercutido profundamente a nivel de la lengua en una indagación penetrante del fenómeno poético, del mismo modo que se han incorporado aquellos elementos que de las vanguardias han creído valiosos y desdeñado aquellos que por su afectada artificialidad poco o nada podrían aportar al corpus sustancial de su obra.
El fundamento de la experimentación formal de la poesía mexicana se cristaliza en una estirpe de poetas que se distinguen por reafirmar con Ramón López Velarde uno de los más altos postulados de nuestra poesía: “Yo anhelo expulsar de mí cualquier palabra, cualquiera sílaba que no nazca de la combustión de mis huesos…”. La emoción será entonces el signo distintivo de la mejor poesía mexicana.
En la poesía mexicana actual encontramos que los elementos que dan personalidad al discurso de la lírica son preeminentes. Se intuye con María Zambrano que la “poesía es vivir en la carne, adentrándose en ella, sabiendo de su angustia y de su muerte”[3] .
La poesía mexicana siempre ha estado en contacto con elementos de la oralidad (Renato Leduc, Efraín Huerta, Eduardo Langagne) y la búsqueda de una cadencia que puede ser dicha en voz alta y a la vez recordada (Octavio Paz, Jaime Sabines, Efraín Bartolomé), de ahí la noción de perdurabilidad que le es inherente. Por lo anterior la poesía mexicana no está en conflicto con la sonoridad de la versificación de acentuación prosódica o con las indagaciones hacia dentro de la preceptiva tradicional, esto se debe a su fuerte temperamento clásico (Bonifaz Nuño, Alí Chumacero).
Alí Chumacero
También conserva el amor por el significado por encima de las isotopías del significante, pero no es raro que se encuentre flexionando la frase poética -sin llegar a la incomunicación o al sinsentido (Salvador Novo, Abigael Bohórquez, Max Rojas). La poesía mexicana también ha mantenido una fuerte presencia del yo de la poesía lírica y a su vez ha explorado otras formas de la enunciación que acentúan la efectiva transmisión del pathos. La poesía mexicana recupera y actualiza estrategias de otras tradiciones como la galaico portuguesa, la poesía catalana, el epigrama latino o la lírica prehispánica, esta actitud es sensible de ser tomada de los “varios movimientos de ruptura [que] promovieron activamente la recuperación de tradiciones alejadas o despreciadas”[4] (José Juan Tablada, Octavio Paz, Bonifaz Nuño, Eduardo Lizalde, Francisco Cervantes).
Eduardo Lizalde
La poesía mexicana dialoga con otras disciplinas artísticas, aunque sigue considerando a la palabra como vehículo efectivo de su expresión. Como podemos observar el fundamento de la experimentación formal de la poesía mexicana se diversifica en muchas direcciones, siempre en busca de la perdurabilidad. Nuestros poetas también han atendido el cambio de sensibilidad que determinan los procesos tecnológicos actuales, incorporado a su poesía la fascinación por la inmediatez, el uso del léxico proveniente de la mercadotecnia, el mundo cibernético, el lenguaje de lo tecnológico, el discurso académico (sobre todo la jerga de la ciencia lingüística, ya sea como apoyo o parodia), el zapping, la chat poetry y el slogan, siempre como procedimientos que determinen nuestro estar en el mundo (José Emilio Pacheco, Francisco Hernández, José Eugenio Sánchez, Alí Calderón), donde la sensibilidad se modifica pero las preocupaciones humanas siguen siendo el amor, la muerte, la soledad, la nada.
Rubén Bonifaz Nuño
En los últimos tiempos se ha revalorado con nueva energía rasgos de la obra de tres importantísimos poetas mexicanos, dignos renovadores de la estirpe lopezvelardeana: Alí Chumacero (la pulida elaboración técnica), Eduardo Lizalde (la contundencia y la eficacia en el decir) y Rubén Bonifaz Nuño (la exploración formal y la manera en que su personaje encara la realidad del mundo), poetas que paralelamente a la poesía de Octavio Paz, crean obras tan singulares que enriquecen con una fuerte personalidad a nuestra poesía nacional.
Francisco Cervantes
También en estos tiempos se ha puesto mucho más atención a la poesía de Francisco Cervantes y Abigael Bohórquez, dos poetas que han sido poco atendidos por la crítica, el primero por la extrañeza que causa su propuesta estética que recupera estructuras y valores del pasado medieval galaico-portugués, el segundo por su abierta temática homosexual además su actitud combativa socialmente.
Abigael Bohórquez
Entre los libros que representan de manera eminente a la poesía mexicana más actual podemos encontrar Vivir al margen: poemas, 1981-1986 de Sergio Cordero, que mediante un uso eficaz de la silva crea poemas donde todo pende de un hilo ante el desastre; Fuego de Roxana Elvrige-Thomas, con poemas de una melodía cercana a los pies métricos latinos, donde la enfermedad y el dolor son formas de la expiación o la venganza; Los hábitos de la ceniza de Jorge Fernández Granados, es una esplendida escenificación del amor y los paraísos perdidos a través de una cuidada e inusual elaboración estrófica; Physical Graffiti de José Eugenio Sánchez, mantiene algunas formas tradicionales del verso, la prosa poética e incorpora tópicos de la cultura pop desechable y un tono humorístico bien logrado; El deseo postergado de Mario Bojórquez, es un libro con poemas de preeminencia heptasilábica donde se va creando un testimonio en que el conocimiento de la imposibilidad es a la vez desencanto y aprendizaje; en De las tantas voces de Ofelia Pérez Sepúlveda, que construye desde la asimilación de la oralidad una polifonía de fronteras geográficas y vitales; Hay batallas, de María Rivera realiza una cartografía del desconsuelo y el desamparo que nunca abandona la precisa musicalidad; Cantalao de Álvaro Solís, mitología de un pueblo imaginario que sólo es posible entre un río de largo aliento y un mar de imágenes entrañables; Ser en el Mundo de Alí Calderón, que echa mano de una buena cantidad de procedimientos clásicos que construyen una poesía de temática erótica que lo distingue de otros libros escritos por poetas de su generación; y finalmente Contracanto de Iván Cruz, que incorpora a su poesía el discurso de la historia a la vez que consigue un tono íntimo, pocas veces logrado en la poesía de tema social. Como podemos ver, estas obras, aunque parten de la emoción como un principio que las distingue, se han cristalizado en realizaciones muy distintas.
Una nueva muestra de poesía mexicana
Toda antología es polémica.
El trabajo que nos convocó también surge de este impulso que revisa con ojos mucho más atentos las expresiones de la variedad y que sin duda ha puesto hincapié en la búsqueda de la calidad de los poemas, tal vez resulten evidentes las discrepancias en el gusto de los antólogos. Sin embargo, también es indudable el diálogo y la discusión que rodea el consenso que se ha traducido en el trabajo final. Asímismo es evidente, como inédita, la mirada descentralizada de quienes fueron convocados para ello.
Para esta labor, y para decirlo con palabras de Geney Beltrán, se buscó a aquellos poetas cuya “escritura es un incendio íntimo del que no es posible salir intacto”[5]. Finalmente, en el balance general de este trabajo, el lector encontrará una poesía en la que predomina el reflejo boyante del alma humana.

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[1] Desde el principio la idea de crear una antología de poemas que “amenazaba con eliminar de cierto canon mucha poesía que es indudablemente moderna, pero que no emplea mecanismo formales o recursos estructurales de apertura”, fue vista con renuencia por Alí Chumacero y José Emilio Pacheco, antólogos también de Poesía en movimiento. Ellos reparaban en la necesidad de observar elementos “nada vanguardistas como la dignidad estética, el decoro y la perfección” (Stanton, Antony,Inventores de Tradición: Ensayos sobre poesía mexicana moderna, Fondo de Cultura Económica, Colegio de México, México, 1998).
[2] Motivados en buena parte por el ensayo de Jorge Fernández Granados “Poesía Mexicana de fin de siglo: para una calibración de puntos cardinales”, donde se reconocen cuatro tipos de lenguajes poéticos: poesía de imágenes, poesía referencial, poesía del intelecto y poesía del lenguaje.
[3] Zambrano, María, Filosofía y poesía, Fondo de Cultura Económica, México, 1939.
[4] Stanton, Antony, “Poesía y poética de Alfonso Reyes” en Inventores de Tradición: Ensayos sobre poesía mexicana moderna, Fondo de Cultura Económica, Colegio de México, México, 1998.
[5] Beltrán Félix, Geney, El sueño no es un refugio sino un arma, UNAM,  México, 2009.

¿Cómo opera el poder y la autoridad en medio del caos?


Imágenes de Diario La Prensa. Dos jóvenes fueron asesinados en medio de un importante operativo militar y policial. Los muchachos se disponían a vender elotes para sobrevivir.


Honduras sigue siendo un fascinante laboratorio no sólo para la inteligencia norteamericana y española, sino para cualquier estudioso de las ciencias políticas o sociales. 

¿Cómo opera el poder y la autoridad en medio del caos? 

Hace algunos días dos jóvenes fueron asesinados en medio de un importante operativo-campaña de prevención de violencia de las Fuerzas Armadas y la Policía, en el Sector Rivera Hernández. En la primera lectura podría decirse que se trata de una situación caótica en la que la "autoridad" desaparece por el peso de una violencia superior, es decir, de un poder superior: el crimen organizado o el crimen "común". Pero no. No hay que ceder. No se trata de incompetencia, ni  de que en el pueblo la gente se mata porque no tiene otra cosa qué hacer. No se trata de la prevalencia de una ni de la ausencia de otra. Las Fuerzas Armadas han sido eficaces para derrocar gobiernos, para asesinar y violar mujeres del pueblo sin que hayan sido, ninguno de sus miembros, llevado a juicio. Pero se muestran, junto a la Policía, incapaces de frenar la ola de criminalidad en el país. ¿por qué? 

En este punto es que se vuelve interesante la idea de laboratorio. QUIENES DIRIGEN LAS FUERZAS ARMADAS Y LA POLICÍA NACIONAL NO TIENEN NADA QUE VER CON LOS INTERESES DEL PUEBLO HONDUREÑO. El pueblo hondureño está a merced de los asesinos que se ocultan detrás del escudo de Las Fuerzas Armadas, La Policía, el ejército de la "seguridad privada"; y todas esas estructuras responden al interés político de grupos con graves intereses económicos reñidos con la idea de la República o de la SOBERANÍA POPULAR.

Desde hace años, la economía del país se ha convertido en una economía del crimen. Las Fuerzas Armadas primero, y La Policía después, han sido instrumentos para la generación de una riqueza y poder al margen de lo "previsto" en la estructura normal de la sociedad. Este poder, desde su aparente "obediencia" al poder de "LA REPÚBLICA", ha construido un poder real capaz de dominar realmente los corredores del crimen, sean cuales sean, porque la miope oligarquía hondureña jamás concedió un ápice de soberanía al pueblo, al ciudadano, y prefirió aliarse con los asesinos, en una especie de préstamo, transferencia o renta por mantener "el poder".

Pues estos GRUPOS REALES DE PODER no están dispuestos ya a seguir haciendo mandados, y no encuentran un mecanismo regular para ejercer su poder, excepto, al margen de la ley, y esta sólo es posible en mitad de la noche, o cuando el ejército y la policía parecen disfrutar sus viandas.





sábado, 9 de febrero de 2013

La poesía no es ningún país






Por Jorge Martínez Mejía





Al principio me pareció un prejuicio político por la deuda impagable de la masacre de la conquista. Sin embargo, a ese prejuicio se anteponían las lecturas de Octavio Paz y su patria hecha de estilos, nombres y retazos de Historia; de Alfonso Reyes y su patria como escenario de voces, ecos y resonancias antiguas; de Borges cuya patria es el universo. No se trataba de la poesía como territorio común, o de la lengua como noción de patria; se trataba de una musicalidad falsa, recuperada a veces en Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Miguel Hernández, Federico García Lorca, Leopoldo Panero; y encontrada de manera definitiva en Rubén Darío, pero por su inocencia. El rechazo, no de la musicalidad falsa, sino de la falsedad de la poesía española, comenzó cuando descubrí el simbolismo de manera directa en Baudelaire, o el experimento poético de Mallarmé, donde la poesía como musicalidad desaparece para concretizarse, para materializarse en una clave de totales correspondencias. Cada una de estas búsquedas de la poesía en otros ámbitos geográficos me alejaba más de la poesía española, o de la lengua española como patria de la poesía. Retornar a Pablo Neruda, a pesar de haberlo leído antes que a César Vallejo, fue desanudar el truco de las palabras para conectarme con mi propia tierra, para encontrarme con mis propias palabras. Pero nunca pude llegar a ellas de no ser por Carlos Pellicer, José Juan Tablada, Xavier Villaurrutia, Octavio Paz, Alí Chumacero, José Gorostiza, Jaime Sabines y Nicolás Guillén. Y nunca, definitivamente nunca, me identifiqué mejor con un poeta como con Hefraín Huerta, a pesar de haber conocido su obra hasta llegados los noventas. Quizás al mismo tiempo que conocí a Reverdy. Con la nueva generación de poetas mejicanos me sentí mejor identificado que con los del grupo Contemporáneos. A partir de Juan Bañuelos, ya uno se encuentra en su verdadera tierra y entre su gente; o entonces entre los poetas hermanos como Raúl Garduño, Alejandro Aura, Leopoldo Ayala, José Carlos Becerra; entre otros. De aquí, hasta llegar a Mario Santiago Papasquiaro, es un paso afortunado. Y no obstante, siendo casi contemporáneos junto a Juan Carlos Bautista, Ernesto Lumbreras, Jorge Fernández Granados y José Eugenio Sánchez; Mario Santiago Papasquiaro y Juan Carlos Bautista me son más próximos que nadie, que cualquier poeta hondureño, inclusive.

Entonces vas aprendiendo. La poesía no es ningún país, la poesía es el barrio en que vivís, es la calle, el bar de la esquina. Es la mejor de tus patrias, es la bicicleta tirada en la calle, la taza de café, la cerveza con tus amigos, la mirada en los ojos, los gallos que joden en la madrugada y los perros que te ladran; es la única palabra que tenés para decir. 





sábado, 19 de enero de 2013

Magdiel Midence y Duermevela Backstage: Un poco de agua fresca







Portada de Duermevela Backstage, diseño del mismo poeta Magdiel Midence.






Por Jorge Martínez Mejía



Reconocer a un poeta no es difícil cuando evidencia su pasión, su entrega al oficio y su intención de mandar al carajo las taras heredadas. No se trata de adquirir por ósmosis con los libros o con agrios y avejentados poetas el insumo literario. Un poeta se reconoce por esa porción de valentía que le permite mostrar su “gramo de locura”, su parentela con cierta anomalía para ver el mundo, para sospecharlo y rechazarlo. 

En la costa norte hondureña no somos muy afines a reconocer de primas a primeras el logro literario de los jóvenes escritores, más bien somos reacios para dar la bienvenida al gremio y no es cualquiera el que se atreve a tirar sus dislates a las fauces de la jauría. Por esta razón algunos aspirantes a escritores permanecen años encerrados en su alcoba, leyéndole al espejo, o mostrándoles sus trasnoches a experimentados críticos sin obra. Algunos llegan a desarrollar oscuros complejos, complicadísimas fobias que comienzan con el temor de cruzar una calle para no encontrarse con un cítrico escritor costeño. Otros desarrollan personalidades clandestinas, se desdoblan en las tertulias y muestran un colmillo semiótico, una expresión desenfadada que se delata en el temblor de la voz, en el tic recientemente adquirido, en la intrínseca sospecha de saberse nadie. 

Eso que se conoce como “locura poética” muy pocos la han sabido llevar como indumentaria natural y “poetas malditos” nunca han cruzado por la Tercera Avenida. En San Pedro Sula los poetas han tenido que beber buenos tragos de desprecio, de indiferencia y olvido. El poeta que se cuenta entre los poetas vivos es porque su trabajo poético, su oficio y su locura permanecen intactos para una minoría de lectores casi inexistente.

Sin embargo, algunos logran esquivar estos escollos y alcanzan su breve momento de gloria en el reconocimiento de un minúsculo, pero certero grupo de escritores para quienes un nuevo libro de poesía debe ser una faceta distinta de ese otro texto que escribimos juntos, en el sentido borgeano.

Magdiel Midence ha vuelto a San Pedro Sula a presentar su segundo libro: Duermevela Backstage; ya con Retrato de un payaso adolescente (2010) logró llamar la atención y el aprecio de su obra por su coherencia con nuestra percepción de un entorno fragmentado, hecho de retazos y erráticas conexiones con un universo literario que pareciera menos caótico. Referencias a una percepción postmoderna, a un recorte de realidad con el que compartimos ciertos ángulos: desdén por un código estético establecido por el modernismo y que se ancla en lo sublime, y de otro lado un código ético establecido por la vanguardia que reclama la crítica del orden social. Además de cierto estado de asombro o perplejidad ante un comportamiento decadente sobre el objeto artístico que orienta hacia su destrucción, o al menos a los artificios anquilosados. 

De igual modo que en Retrato de un payaso adolescente en el que se puede ver con facilidad este pedacero poético, Duermevela Backstage comparte las mismas afinidades, las mismas inquietudes y las mismas fuentes: Trakl, Nerval, Blake, Baudelaire, Rimbaud, Eliot; con la diferencia de que en Duermevela se percibe con insistencia la voz de Alejandra Pizarnick, y algunos ecos de Leopoldo María Panero.

Un rasgo distinto es que la nota del simbolismo es ahora más profunda y macabra, más frecuente y con más ganas de rockear: más intencionalmente marginal, más intelectual, más madura y por ende; su rebeldía es más consecuente. Técnicamente, el lenguaje está mejor manejado, mejor tramado, musical, entonado y eficaz.

La impresión que te deja la lectura es que ya estás frente a un poeta que sabe tratar su material, lo sabe escoger e hilvanar, tiene un propósito, y no es cantarle a la muchedumbre, a pesar de utilizar los códigos del vulgo. Hay una intencionalidad metaliteraria que exige argumentos estéticos. Por eso es que cualquiera puede errar en su primera lectura, cuestionar la falta de buen gusto, y suponer que una palabra osada colocada al pasar es una grosería. Se trata de un desenfado antiliterario tratado con la licencia que el conocimiento de la lengua le permite al poeta.

El lenguaje soez y el desenfado profano son las estrategias que utiliza el poeta para demoler el supuesto poder de lo sublime en la literatura. Su intención de ruptura es clara, y su identificación con los más osados poetas de la costa norte también.

Magdiel Midence ha regresado a San Pedro Sula con un poco de agua fresca de esa antigualla de ciudad de donde vino. Y nos deja con una exquisita impresión de saber que la poesía va encontrando buenas manos.



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Magdiel C. Midence nació en Tegucigalpa el 26 de enero de 1984, estudia Literatura y Lenguas Extranjeras con orientación en francés en la Universidad Nacional Autónoma de Hondura Ha sido miembro del grupo literario Máscara Suelta. Ha participado en diferentes festivales internacionales de Literatura. En 2010 publicó Retrato de un payaso adolescente.

miércoles, 16 de enero de 2013

DE QUÉ LADO ALUMBRA EL SOL


Ilustración de TRAVIS COBURN





Por Jorge Martínez Mejía




En un programa radial de la única Radio de San Pedro Sula (Radio Uno), discutimos hace algunos meses sobre el asunto de la membresía del “nuevo partido” LIBRE. En esa ocasión, por primera vez desarrollé la idea de que en Honduras no sólo vivimos una crisis social, económica y política, sino una verdadera anomia cultural.

No se trata de carencia de liderazgo político, o como suelen decir algunos periodistas trasnochados, de la “clase política”, se trata de una pérdida del sentido cuyo origen se encuentra en la deslegitimación, no sólo del Estado, sino de la cultura propia. El deterioro que implica nuestra experiencia social se orienta hacia una degeneración progresiva que no cuenta con mecanismo de freno.

Mientras ciertos grupos sociales rechazan su propio patio añorando el aire de Miami y Los Ángeles, otros anhelan vivir entre catalanes, argentinos, brasileños, parisinos, coreanos, chinos o, ya de perdida, entre norteños mexicanos. Esta carencia de sentido de las mayorías hondureñas  está signada por el rechazo no sólo a lo local, sino a la anomia misma. En los setentas y ochentas se le llamó pérdida de la identidad nacional, y el término estaba más sostenido en la intención rebelde que deseaba sacudirse el signo de las transnacionales  norteamericanas.

No obstante, esta sensación de desgaste del sentido cultural propio, es sólo una experiencia que se vive en las urbes del país. Especialmente en Tegucigalpa, San Pedro Sula, El Progreso y La Ceiba; y en menor grado en las ciudades pequeñas.
Bien podría señalarse que se trata de una crisis de la comunidad mestiza para quienes se han desacreditado sus valores esenciales, y cuyas prácticas culturales constituyen meros decorativos de una vida carente de arraigo y perspectiva.

Por esta razón algunas comunidades étnicas perciben a los ladinos como portadores de una enfermedad desastrosa que carcome sus valores. Y en efecto, nuestra anomia cultural ha adquirido matices patológicos, entre las reacciones individuales puede fácilmente apreciarse cierta inclinación hacia el crimen, la prostitución, la delincuencia común, y sobre todo,  una grave lesión del aprecio de la vida.

Como no hay receta para semejante problema, es preciso detenerse a estudiar el asunto con mayor cautela y profundidad. De igual modo que cuando un barco marcha a la deriva en medio de la tormenta, es preciso que escampe para ver de qué lado alumbra el sol.






martes, 15 de enero de 2013

EN UN GOBIERNO DE FACTO LA CONSTITUCIÓN NO EXISTE, NI LA SOBERANÍA POPULAR, SÓLO SUS INTERESES OLIGÁRQUICOS







Por Jorge Martínez Mejía



Finalmente la vuelta de hoja del escándalo del Poder Judicial deja al descubierto la pugna de fondo: las Ciudades Modelo o “Charter City”. 

El Poder Legislativo y el Ejecutivo han logrado poner en cintura al Poder Judicial defenestrando a cuatro magistrados, entre ellos tres que votaron como inconstitucional dicho proyecto en el intento anterior.

Al parecer, la estructura comandada por Porfirio Lobo, Juan Orlando Hernández y Arturo Corrales, ha colocado una faja de seguridad para gobernar a toda costa haciendo prevalecer sus intereses.


Por otra parte, en la lucha interna, han logrado controlar al extremo al gremio magisterial atacando desde adentro a las organizaciones magisteriales, cortándoles la capacidad económica y estrellándolo contra las cuerdas.


Entre tanto, el Frente Nacional de Resistencia Popular no sale de sus primeros asombros electorales con su brazo político LIBRE y sólo le ajusta para emitir descalabrados pronunciamientos.


Es indudable que la estrategia de la participación política electoral sólo favorece a la oligarquía, pues para ésta (la oligarquía) el poder se ejerce o se pierde. El Frente Nacional de Resistencia Popular ganó experiencia con su participación política, pero perdió poder de lucha popular, poder de convocatoria y de movilización.

¿Cómo ofrecerle, a estas alturas, una Asamblea Nacional Constituyente a un pueblo que fue vapuleado, asesinado, violado y engañado en las urnas, mientras la oligarquía controla a su antojo los tres poderes del Estado?


¿Qué argumento usar para movilizarlo, si lo que se le ha ofrecido son papeletas para votar con la esperanza de ganar unas elecciones controladas desde estos mismos tres poderes?

La oligarquía hondureña, o al menos una de sus más remozadas cabezas de punta, no sólo alquilará al mejor postor la soberanía nacional para obtener capital, sino que destruirá cuanta organización intente impedírselo. PORQUE
EN UN GOBIERNO DE FACTO LA CONSTITUCIÓN NO EXISTE, NI LA SOBERANÍA POPULAR, SÓLO LOS INTERESES OLIGÁRQUICOS.








jueves, 10 de enero de 2013

LA PIEDRITA DE LA INÚTIL POESÍA






Por Jorge Martínez Mejía





LA PIEDRITA DE LA INÚTIL POESÍA





Ya soy otro. Por un momento pensé que sería eterno, sin extremos ni cansancio. Sin reconocerme, otra vez voy por la calle y la estupidez de la vida o de la muerte me lleva a la pudrición de un sueño. Veo la hierba despellejada, los niños calcinados, el arte antiguo, tan atroz, y la puta que recoge sus versos de la acera. A tientas me guío como un leproso hermoso, sin bandera, con el esqueleto apretado y el corazón de amuleto. En mí pesan demasiadas horas tiradas al carajo, demasiado tributo a la delicia. De estos zapatos que me pongo y me quito cada día, sólo recuerdo  la fragilidad de la calle, y la piedrita de la inútil poesía.