martes, 6 de marzo de 2018

LA VIDA ES UN JUEGO VIOLENTO


Los escritores hondureños Kalki Martínez, Gustavo Campos y Jorge Martínez Mejía, conversan sobre Vírgen y otros cuentos, la primera obra de Kalki Martínez.

Imagen central de la portada de Virgen y otros cuentos


El primer libro de Kalki Martínez, en una lectura de Dennis Arita


Por Dennis Arita

El juego que nos propone Kalki Martínez en Virgen y otros cuentos siempre tiene un desenlace amargo porque en el mundo de los marginados nunca hay ganadores.


Juanca, Charly, Tavo, Lenín, Beto, Carlos, Tato, Julio, Fernán: nombres que parecen intercambiables, pero que, en el mundo de Virgen y otros cuentos, de Kalki Martínez, pertenecen a jóvenes separados por la violencia de los barrios sampedranos. Los primeros cinco, personajes de “Dingo”, la pieza que abre la colección, son los chicos normales de la barriada y los últimos cinco, del cuento “Virgen”, tercero del libro, son muchachos brutales que han perdido la inocencia, están en guerra con el mundo y no entienden el porqué de su malestar. La violencia es lo único que parece satisfacerlos y los hace sentirse distintos e importantes. Como dicen ahora por ahí, la violencia los empodera. Para estos cinco chicos, ser violentos es al mismo tiempo rito y afirmación.

Pero nadie se levanta un buen día y decide ser violento como otros se levantan y escogen ir o no al trabajo o darse un baño. La violencia tampoco es una enfermedad que lo agarra a uno por sorpresa. La violencia es casi siempre una reacción: nos pasa algo y reaccionamos violentamente. Igual podríamos reaccionar de otro modo, pero hay hechos en la vida que no parecen dejarnos otra salida que la brutalidad. Si nos ofenden, nos desquitamos; si nos quitan algo, lo arrebatamos; si nos golpean, golpeamos más duro.
Los personajes de Virgen y otros cuentos no pueden escapar de la violencia porque viven “en el infierno”, como dice Tito, narrador y protagonista del cuento que da título a la colección: la brutalidad los acosa donde estén, en casa, en la escuela y el colegio, en la calle, en el campo de juegos. No son sitios para vivir, sino para pelear. Cada lugar tiene su propio código feroz. En casa, donde suele comenzar la barbarie, los adultos imponen las reglas: “Cuando mi papá le gritó a Charly por la golpiza que Beto le dio, quise justificarlo, pero me quedé callado porque, si me entrometía, el que saldría castigado a golpes sería yo por no haberle avisado”, dice el narrador de “Dingo”.

Es natural que jovencitos criados en la violencia en casa se enfrenten en otros lugares —el colegio, el campo de fútbol— donde aprenden una nueva regla: tienen que competir para ganar. De esa manera, el mundo se convierte en un inmenso campo de juegos donde todo está permitido para vencer al oponente. Hay que someter al rival, adueñarse lo que tiene, no dejar que invada nuestro territorio. La vida se transforma en un juego violento.
En ocasiones, el juego de la violencia comienza en casa, como le ocurre a Suyapa, la muchacha de la que está enamorado el narrador de “Virgen”: “Me dijo que su papá desde que tenía nueve años la violaba en ese cuarto (…) le decía que le alcanzara cosas que estaban debajo de la cama y así comenzaba el jueguito”.
Suyapa y los demás personajes marginados y ultrajados del libro de Martínez trasladan su cólera y su deseo de venganza desde el hogar al no menos despiadado campo de juegos del mundo. El campo de fútbol en “Dingo”, escenario de la pelea de territorio entre Beto y el grupo de niños, se transforma, en el cuento “Virgen”, en la cancha del cerro donde en una incómoda tregua juegan pandilleros y adolescentes normales y donde matan a Suyapa, en una deformación ulterior del juego de la violación en casa.

Los pasatiempos brutales continúan en el mundo de los adultos. La infidelidad y el sexo son las principales distracciones del protagonista de “El rostro del amor” (“Ella no marcaba fronteras […], cada cosa que él incluía en el juego del sexo la aceptaba”), el matrimonio es su campo de entretenimiento y su mujer es su oponente, pero la suerte de ningún jugador es eterna. No solo engaña a su mujer, también se engaña él mismo. Viven enmascarados debajo de objetos a los que adoran: “Inclinándose, acarició cada prenda con ternura”, “se envolvió en aquella tela suave y delgada, transparente”, y, como todas las estafas, su matrimonio está hecho de reflejos: “A través del espejo lo observaba”, “vio su cuerpo reflejado en el monitor”. El final de “El rostro del amor” es agrio como el de todos los cuentos del libro, como el de “Dingo”, en el que Beto sigue siendo el mismo jovencito malvado, y el de “Virgen”, cuyo narrador corre una suerte parecida a la de Suyapa.

El terrible destino de Gordo, en “El hombre y el perro”, es un ejemplo de cómo el juego, en su caso el deporte del box, suplanta a la vida. Gordo no es solo un ser violento; para el narrador del cuento, su hermano es un animal. Gordo incluso comparte apodo con un perro. “Creo que mi hermano es ese perro”. Los animales, según alguna opinión popular, no tienen pensamiento y Gordo es como ellos, irracional, rudo, puro músculo y reacción primitiva. La vida de Gordo parece comenzar desde el momento en que pone un pie en el cuadrilátero para ser el sparring de un boxeador experimentado. Antes de relatar ese salto al ring, el narrador solo menciona un suceso en la vida de Gordo: “Se dedicó desde los catorce al estricto entrenamiento del boxeo”.

Gordo, como los jovencitos de los demás cuentos, huye de la brutalidad doméstica (“la violencia siempre estuvo metida en casa, nos perseguía”, dice el narrador) e irónicamente la sustituye por la violencia en el ring. A lo mejor, Gordo, igual que los chicos de “Virgen”, cree que la brutalidad del box es una que puede dominar, en la que es, por fin, alguien. Pero, también como los muchachos de la pandilla, está engañado y la violencia acaba subyugándolo, arrastrándolo en un remolino incontrolable. Cree haber escogido su destino, pero fue su destino el que acabó escogiéndolo a él.



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viernes, 18 de agosto de 2017

Pronto en librerías Los Poetas del Grado Cero







La novela esperada de Jorge Martínez Mejía

De pronta aparición en todas las librerías del país. Una novela de culto, solo para el consumo de verdaderos poetas y escritores versados. Claro que vale la pena que la leás vos también, lector curioso.

martes, 8 de agosto de 2017

Chinaski, asesino de escritores







J.J. Chinaski por Igor Sptchok






 J.J., también conocido como Chinaski, fue un escritor asesino de escritores. A su técnica la llamó “grafía en movimiento”. Era sencilla. Sus relatos eran gráficos, líneas sin conexión aparente. Pero si el escritor al que iban dirigidas, leía cuidadosamente, la muerte era segura. Un maldito entre los malditos de la Hermandad de la Uva, como se hacían llamar sus seguidores. Su consagración fue asesinar al poeta Mario Santiago Papasquiaro, lo mató solo para demostrar su técnica en una borrachera. Lo más raro fue que el mismo Papasquiaro profetizara su muerte, años atrás, en un poema:

Aunque el cielo se vea sobrio & despejado 
                mi irreconciliable enemigo de las Artes Plásticas,
       el espadachín Chinaski & su dibujo en movimiento, 
    es el loquito que besa y lame la muerte en el reloj de todos, 
su reloj,
sin manecillas, me detuvo a mí.



miércoles, 19 de julio de 2017

¡Dijimos que volveríamos!







Por Jorge Martínez Mejía



LA POESÍA SIN CAPUCHA


¿Qué tipo de poeta sos?
mediano, grande, peso pluma,
miniatura, altisonante, sublime,
que tiene miles de likes en su página de facebook,
que renace por enésima vez en su poema,
recalentado,
escrito a mano,
con el culo entumecido
y escozor en el pescuezo,
que limpia el amarillo de los dientes del poema
con refrescante dentífrico y
boina de menta en la melena


¿Que tipo de traición va en tu poesía?
Visible, de argamasa
y despreciable precio
de serpiente, de cerro pelado,
de amargura y pan tostado,
de cliente satisfecho,
de pum pum en el pecho,
los domingos y los martes
ni te cases ni te embarques;
de locas y confusas
transfusiones
de pus,
de cuidado decís lo que no viene,
solo lo bello del plebeyo,
y sin embargo lo decís,
con suavidad de marquesote.
te sienta bien ser un cipote
sin ficción
sin atadura, sin pasado, ni acontecimiento,
sin suceso, sin mirada a ningún lado, solo al plato
por donde pasa
un triste gato
sin ratón,
sin documentos.


¿Qué sufrimiento troncha tu poesía?
Vivir sin condolerte
sin precipicio
del hospicio,
plácida amargura
hacerse el de a peso,
todo tieso,
sin frase
sin barriada,
ni estocada
mirar desde el balcón
la vida zalamera
desde afuera
colgada en la baranda
el toldo tonto
y hacia abajo
sofocado, sin zapato,
un parroquiano
en puro hueso del harapo
sienta en una piedra la mentira de su vida.


¿Qué clase de poeta sos?
El que arranca lo imposible
lo indecible
lo insufrible
lo incomible
lo insalubre
la choza bondadosa
la expropiada
la incendiada
la odiosa mariposa
la esposa
perseguida
atosigada
jadeante
torturada
tirada desde un puente.


¿Qué tipo de poeta sos?
El no es asunto mío
primero la danza
la balanza
con su panza
la inflación
el aniquilamiento
torcido está el derecho
si andamos solo un trecho
o dos o tres
en fin treinta o cuarenta
nos van a reventar
pagar la renta
ajuste de las cuentas
balazo en la cabeza
te cobran en la imprenta
masacre literaria,fracaso de poeta
es arrogante
sin talento
es solo cuento
pero es guapo
aunque jumento
le entrego un pergamino
al verso fino
excelso de virtud
solo viene por el vino
el abusivo
consígame un recibo
que mierda no ando lápiz
usted se equivocó,
puta, no joda,
anantes estoy vivo.





lunes, 17 de julio de 2017

lunes, 10 de julio de 2017

TRES POEMAS DE JORGE MARTÍNEZ MEJÍA



Crack, fotografía de Daniel Marenco




POSTPOETA EN EL FONDO





Ni putas ni estancos ni burdeles 
solo policías militares y cuarteles
poetas vendiendo sus papeles
la desgracia en anaqueles
me dejé morir 
mi palabra es una pasa
lo que antes fue una brasa
me inventé otra vez
me hice humano
me dejé morir y sin memoria
mi luz apenas me desangra
el inverso de mis versos
un revés
sin pies 
sin armadura
me he vuelto un ignorante
elijo no saber
retroceder
detenerme en el espejo
y ver lo que dejé
pagar el alquiler 
lavar mi taza
tomarme otro café
acomodar mi silla
y ver lo usual
me duele igual
la luna chata
el lago de los astros
que no alcanzo
tantas semanas santas
tanta factura por pagar
la poesía va nerviosa
temblorosa
la muerte va sentada
entre sus cosas
sus poemas
tienen flema
tos de fumador
un techo roto de sombrero
si cae un aguacero
del cielo pordiosero
los relojes se atascan
emergen mis palabras
osadas 
descompuestas
aplastadas
yertas
enterradas 
y no hay nada
que las haga una fiesta






ESPEJOS DE SANGRE





A la ciudad le han nacido nuevos callejones vacíos,
puentes y túneles de cemento macizo,
árboles muertos;
le ha nacido casi un millón de cadáveres 
que se pudren dos veces al día
en las más largas horas y filas del tráfico
que se hayan visto.

Le han nacido miles de perros muertos,
miles de drogadictos,
miles de oídos miedosos pegados a las puertas 
clavadas en el cemento macizo;
miles de vendedores de crack,
de cocaína,
miles de bunkers subterráneos 
ocultos debajo del cemento macizo.

A la ciudad le han nacido millones de piedras de colores
millones de recuerdos
millones de silencios 
sepultados debajo del cemento macizo.

Le han nacido muros altísimos,
torreones de concreto 
desde donde los guardias de seguridad privada 
imaginan tranvías que jamás circularán
por las bellas avenidas de cemento macizo. 

A la ciudad le han nacido bibliotecas que se descascaran,
libros de palabras enfermas,
museos que exhiben monumentales esqueletos
de ciudadanos vivos
acostumbrados al hambre y al suicidio.

Le han nacido calles, avenidas y bulevares
que son demolidos en el instante mismo en que el alcalde
corta la cinta inaugural;
y le han nacido millones de aplausos
en el extranjero,
reconocimientos formales,
certificados,
por la honrosa posición
de no ser la primera ciudad más violenta del mundo,
desde el año pasado.

Los casi un millón de cadáveres descalzos
bordean los matorrales,
saltan sobre las piedras fláccidas,
evaden el humus y la caca de los perros,
ansiosos por pisar las nuevas calles
y los puentes fundidos con cemento macizo.

Los retorcidos callejones están vacíos,
y los cadáveres 
deambulan
por las alamedas
entran y salen por espejos de sangre;
hipnotizados por la fábrica del cemento macizo.




PUTO PAÍS




Vos no venís de chinos ni de hippies ni de hindúes ni de precipitados portaviandas madrileños; ni de greñas viejas, ni de golpes en la nuca, ni de blandos occipucios y débiles espinas dorsales.

Puto país, no venís de ahí. No venís.

No te busqués en bellos naranjales rojos, ni en parras de abundantes tomates, ni en las encendidas mechas de los uvales.

Vos sos un puto país de manos anchas, de encallecidas mujeres y chamuscadas orillas de nadie.

Nadie te quiere, ni la desorbitada niña que juega, sin cabeza, con su muñeca de trapo.
Ni el mismo maíz, ni la chatarra que arrastrás como un harapo.

Sos un puto país para los cerdos, para el aguacero muerto. Ni los cuarenta y cinco mil kilómetros de viento que te arrancan cada vez que quieren de tu sillita y vas patrás, patrás, patrás, hasta caerte.

Todo te desangra las lágrimas.

Ni el control remoto de la estúpida poesía se detiene a mirar tu inútil boca fría, muerta, brutalmente asesinada y huérfana.



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JORGE MARTÍNEZ MEJÍA (Las Vegas, Santa Bárbara, Honduras, 1964). Estudió Literatura en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH). Es poeta, novelista y ensayista. Fundador del Movimiento Literario Poetas del Grado Cero. Dirigió la revista de Literatura Metáfora. Es director de JK Editores y dirige el Colectivo de las Letras Hondureñas (CLEH). Entre sus obras destacan Papiro, poesía (2004), Las causas perdidas, poesía (2010); Esto es la mara, jomitos, novela (2011); Los poetas del Grado Cero, novela (2017).

En su nueva propuesta poética, Jorge Martínez Mejía, renuncia voluntariamente al esteticismo literario y a la pretensión social de la denuncia. Su intención de construir una crónica de la cotidianidad individual, y de la experiencia urbana, con un lenguaje fluido en el que intenta prescindir o burlarse de las tradicionales figuras literarias, lo posicionan entre las voces más evidentes de la posmodernidad literaria hondureña del siglo XXI.




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DANIEL MARENCO: Fotógrafo brasileño, natural de São Leopoldo. Es reportero fotográgráfico del diario Da Folha de São Paulo. Egresó de la Universidad de Unisinos, en 2007. Ha trabajado para los principales diarios del país como periodista gráfico, entre ellos RBS, Diário Gaúcho y Zero Hora.






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miércoles, 21 de junio de 2017

TRES VOCES GRADO CERO, LECTURA POSTPOÉTICA












Ya los gusanos nos llenan la carne, es cierto, hace mucho estamos muertos.
Eso es lo más evidente. 
Pero es menos el tiempo ahora, y están más vivas las palabras muertas.
Es necesario morir cuantas veces sea posible
aunque no hayan respuestas 
y no quede nadie que pregunte.

Tantas veces dijimos que volveríamos
y no nos creyeron.
Hemos vuelto.
Estamos tres de seis.
No nos queda más para decir,
sino la palabra oscura, hija de la noche.





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jueves, 1 de junio de 2017

Desde abajo y a la izquierda, hay mucho pueblo dispuesto a defender a Venezuela





Desde abajo y a la izquierda, hay mucho pueblo dispuesto a defender a Venezuela



Rodolfo Walsh, cuya coherencia y rebeldía ante el poder establecido sigue alumbrando el camino de nuevos y anónimos revolucionarios y revolucionarias, despreciaba a cierto tipo de “intelectuales” que nunca le encuentran la punta al clavo. Ese tipo de gente que predica desde púlpitos que ellos y ellas mismas se construyen para sugerir que nunca llega el momento de lo que indudablemente hay que hacer, o que se devanan la sesera para descubrir los puntos débiles de tal o cual proceso revolucionario que sí se hizo, a pesar de ellos. En otras palabras, son los que prefieren ver el árbol e ignorar el bosque, y casi siempre se equivocan en sus acertijos situacionales, porque muy pocas veces (como en todo hay excepciones) se embarran los pies con los de abajo.

Algo de eso viene ocurriendo en este último tiempo con cierta “izquierda”, mayoritariamente académica, que en las actuales condiciones de embestida imperialista contra Venezuela prefieren hacerse a un costado de lo que sostiene la mayoría de la franja más humilde del pueblo de Bolívar y Hugo Chávez y lanzar por todo lo alto una nueva carga de munición gruesa contra este proceso. Y lo hacen desde la variante de resucitar, otra vez, la teoría de los dos demonios.

Como no podía ser de otra manera, este tipo de ataques, formulados en declaraciones, artículos o manifiestos cuentan con amplia difusión en medios ostensiblemente de derecha, que se regodean en contar entre las filas de los aporreadores de la Revolución Bolivariana no solo a los cómplices del golpista Capriles Radonski y al instigador de crímenes contra el pueblo, Leopoldo López, sino también a una pleyade de “izquierdistas”, entre los que figuran quienes siempre salen de la escena cuando la situación pinta borrascosa, o los que se suman a la estampida “por las dudas”, temerosos de no quedar “pegados” al eventual naufragio de un barco que en alguna lejana ocasión (cuando corrían buenos tiempos y se practicaba la solidaridad 5 estrellas) ellos mismos ayudaron a navegar y hoy tratan de hundir.

Estos “izquierdistas” propagandizados por Infobae y otros medios derechistas, acusan al gobierno de Nicolás Maduro de estar “deslegitimado y con marcados rasgos autoritarios”. Para dar más fuerza a sus denuncias se recuestan en los recovecos de la democracia burguesa, de la que se dicen cultores y defensores, y desde allí critican que el Ejecutivo venezolano “desconoce a otras ramas del poder", entre ellas la Asamblea Legislativa, invadida desde diciembre de 2015 por una banda operativa de propagadores de la violencia fascista. Esos mismos que hoy lanzan a la calle a sus cachorros, mezcla de “nenes de mamá” con lúmpenes y paramilitares colombianos, para arrasar con todo lo que huela a chavismo, golpear a mansalva a ciudadanos y ciudadanas que no se suman a sus objetivos desestabilzadores, degollar con cintas de acero a desprevenidos motoristas. En su práctica terrorista han llegado a quemar vivos a jóvenes chavistas o linchar a un ex teniente de la Guardia Militar Bolivariana.Por muchísimo menos que eso, en cualquiera de los países de donde provienen estos “intelectuales de izquierda”, no la policía sino el propio ejército ya hubiera generado, en su afán represivo, un auténtico cementerio. Sin embargo, el “autoritario” es Maduro que ha ordenado que el freno a tanta criminalidad se haga ateniéndose al Estado de derecho. Y cuando esto no ocurre, a diferencia de otros países, no se duda en detener y juzgar a quienes desde un uniforme han violado los derechos humanos.

¿Se quiere ignorar acaso que la mayoría de los muertos los ha vuelto a poner el chavismo, como ocurriera con el golpe de 2002? ¿Se trata de ocultar, desde el palabrería pseudo-izquierdista, que si en un supuesto negado, estos asesinos que hoy aspiran a volver a la Cuarta República, lograron sus objetivos, no terminarían convirtiendo a Venezuela en algo muy parecido a lo que la OTAN y sus cómplices mercenarios han hecho en Iraq, Libia, Afganistán y Siria?



Una avalancha de conquistas sociales solo comparables con las otorgada por sus hermanos revolucionarios cubanos 



Mienten descaradamente quienes atacan a una Revolución que en 17 años ha ofrecido a todo su pueblo una avalancha de conquistas sociales, solo comparables con las otorgada por sus hermanos revolucionarios cubanos.

Mienten, cuando hablan de ilegitimidad sabiendo muy bien que es uno de los procesos que más confrontaciones electorales ha tenido que atravesar, y en la gran mayoría de ellas ha salido victorioso.

Mienten cuando desde su democratismo de ocasión señalan que el Gobierno venezolano bloqueó y postergó el referéndum revocatorio, sabiendo que fue la oposición la que no cumplió con los plazos para la presentación de esa demanda y que se inventó y falsificó miles de cédulas, incluyendo una buena cantidad de muertos, para forzar lo que desde todo punto de vista era ilegal.

Mienten cuando hablan de “fallido autogolpe del ejecutivo”, cuando en realidad lo que está ocurriendo desde hace años, en forma más acentuada desde que el Comandante Hugo Chávez fuera asesinado, es una verdadera escalada golpista, que incluye todos los elementos de una guerra de cuarta generación: bloqueo económico y destrucción de una paridad racional del dinero venezolano con respecto al dólar, contrabando ilegal y masivo de gasolina y alimentos hacia Colombia con la complicidad del gobierno de Juan Manuel Santos y del paramilitar Uribe Vélez, desabastecimiento constante para afectar con la falta de alimentos y medicamentos a los sectores humildes, mientras en los barrios del Este caraqueño, donde vive la burguesía maiamera, se puede adquirir lo que no se encuentra en Catia, Petare o el barrio 23 de enero. Ni qué decir del rol jugado por el terrorismo mediático en todas estas instancias.

Mienten estos "intelectuales y académicos” cuando hablan de que a ellos les interesa la paz para detener la “violencia institucional y la callejera”, típico de la teoría de los dos demonios. No hay dos violencias, sino que por un lado hay terrorismo puro y duro, y por el otro un intento racional y medido de contrarrestarlo.

Mienten estos “pacifistas” cuando pretenden ignorar los numerosos intentos de convocatoria al diálogo realizadas por el gobierno de Maduro a una oposición, que como ocurre en Siria, lo único que le interesa es la guerra y el derrocamiento de un gobierno legítimo para construir una neocolonia norteamericana en suelo venezolano. Una vez que ello ocurra, lograrían su verdadero objetivo de tanta destrucción y muerte: recuperar para Washington todo el petróleo hoy administrado por PDVSA, así como los yacimientos minerales distribuidos profusamente en suelo venezolano.

Luis Almagro

Llama poderosamente la atención que estos mismos planteos “izquierdistas” coincidan tanto con los formulados, en clara actitud provocadora, por el secretario de la OEA, Luis Almagro e incluso con los “llamamientos humanitarios” lanzados por el Comando Sur norteamericano. Esto ocurre, porque en los tiempos que corren, donde el imperialismo está en plena ofensiva y nuestros pueblos resisten en los diversos escenarios que les permiten sus propias fuerzas, no es de izquierda levantar las propuestas de la derecha internacional, no es de izquierda oponerse a lo que la mayoría del pueblo trabajador y campesino, los estudiantes, las mujeres, los jóvenes y la gran mayoría de los colectivos sociales anhelan para Venezuela. Y esto es, defender las innumerables conquistas logradas con la Revolución chavista, apoyar al gobierno de Nicolás Maduro, fortificar aún más la unidad pueblo-fuerzas armadas (algo que la oposición quiere romper a fuerza de asesinatos selectivos contra militares) y lograr instalar un escenario definitivo de paz y no injerencia. Como ocurriera en otros tiempos, en que la Revolución cubana tuvo que tomar medidas drásticas para frenar ataques terroristas orientados por el gobierno de Estados Unidos, hoy también, como ayer, algunos “intelectuales” deciden coquetear con el diablo y atacar lo que el pueblo venezolano está dispuesto a defender hasta con su propia vida. El gran problema es que la calle del medio por la que tratan de transitar estos criticones ya no existe. Se acabaron las medias tintas, y la disyuntiva es elegir, si realmente se es de izquierda: entre la Revolución y el antiimperialismo, profundizando y ridiculizando su accionar para llegar al socialismo, o acoplarse vergonzosamente con los acólitos venezolanos de la destrucción política, económica y militar de nuestros países.

Leyendo la lista de firmantes de algunos de estos manifiestos opositores “de izquierda” duele encontrar a algunos nombres que supieron estar a la altura de las circunstancias en diferentes patriadas anticapitalistas. Solo a ellos, no a otros que nunca entendieron ni a Cuba ni a Venezuela, vale la pena pedirles que recapaciten y no sigan acercando más gasolina al fuego de la destrucción de la gesta bolivariana. No es cuestión de desentenderse del pensamiento crítico, ni mucho menos, hay diversos temas que quienes nos sentimos chavistas también debatimos sobre errores cometidos, pero con la responsabilidad de saber sobre que terreno pantanoso el Imperio ha ido instalando al proceso bolivariano. En ese sentido, es fundamental tener en cuenta una premisa que viene desde la historia de las luchas populares, se trata de que el enemigo principal quiere apoderarse de Venezuela, como antes lo hizo en Honduras, Paraguay, Brasil. Si Venezuel cae, toda la Patria Grande será afectada duramente y ya será tarde para los arrepentimientos.

Por último, constatar que todavía hay mucho pueblo y no pocos intelectuales y académicos de izquierda con mayúscula que están dispuestos a defender a Venezuela, a su gobierno y a su proceso revolucionario. Caiga quien caiga, le guste a quien le guste y cueste lo que cueste.





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sábado, 29 de abril de 2017

Evo Morales condena conspiración contra Venezuela en la OEA



Foto tomada de Google


El presidente de Bolivia, Evo Morales, condenó la conspiración en la Organización de Estados Americanos (OEA) contra Venezuela y reiteró su respaldo al gobierno democráticamente electo del país sudamericano.



Según el reporte de Prensa Latina, Evo señaló -en conferencia de prensa- que la OEA impulsa una batalla ideológica y programática para conspirar contra el gobierno de Nicolás Maduro.

El mandatario lamentó que algunos países se sumen a esa maniobra a través del secretario general del organismo hemisférico, Luis Almagro.

Indicó que desde hace varios meses Almagro impulsa una campaña para tratar de aplicar la llamada Carta Democrática contra Venezuela y separarla de la organización.

En opinión de Morales, lo que ocurre hoy en Venezuela es un intento de golpe de Estado, impulsado por Estados Unidos para adueñarse de sus recursos naturales, sobre todo del petróleo.

El jefe de Estado recordó que la OEA siempre avaló las rupturas institucionales en el continente y mencionó como ejemplo el golpe de Estado contra el presidente Manuel Zelaya en Honduras, ocurrido en 2009.