jueves, 28 de octubre de 2010

JORGE MARTÍNEZ MEJÍA, UNA CAUSA PERDIDA EN LA LITERATURA HONDUREÑA



Jorge Martínez Mejía






Jorge Martínez Mejía (1964). Director de la Editorial Grado Cero y Productor de la Revista de Literatura Metáfora de Honduras. Fundador del Movimiento Literario Poetas del Grado Cero, Una causa perdida. Guionista y productor de televisión. Nació en Las Vegas, Santa Bárbara, Honduras, donde inició sus estudios, destacándose por su entusiasmo por las letras y el teatro. Continuó su carrera de Literatura en el Centro Universitario Regional del Norte (ahora Universidad Nacional Autónoma en el Valle de Sula), donde dio a conocer sus primeros textos poéticos a través de boletines y suplementos literarios. Incansable animador cultural, coordinador de talleres literarios, de lectura creativa y editor, se ha dado a conocer sobre todo como poeta y ensayista. Dirige la Revista de Literatura Metáfora... Autor de Papiro (2004), Las Causas Perdidas 2009, El Mundo es un puñado de Polvo (Novela, 2009), actualmente edita Cadáveres Existenciales, texto híbrido de su experimento poético.
En Honduras no es casual que un escritor de la generación del sesenta sostenga en su voz la extraordinaria alarma de que la poesía ha muerto. Honduras es una tierra donde los movimientos literarios se manifiestan con un extraordinario retraso de llegada, por lo que la sola presencia de un escritor visionario no sea menos que visto como una presencia inaudita.

Jorge Martínez Mejía y el Movimiento Literario Poetas del Grado Cero apuestan al todo por el todo sin escatimar ni un centímetro al atrasado amaneramiento literario que, en apariencia, pareciera detenerse en un canon modernista ya desdibujado para una sociedad que cambió hace mucho tiempo y que urge de expresiones coherentes a una época en que la poesía, definitivamente, no existe; sólo la voz, la escuálida puta callejera, la moribunda que reclama un tiro de gracia para volver a nacer en las remozadas aguas de la Historia. La poesía del Grado Cero tiene carta de libertad por mérito propio, y Jorge Martínez Mejía ha tenido el valor de sacrificar su nombre para el ritual, para la ceremonia del entierro de la puta poética.
Aquí se presenta una pequeña muestra de su inagotable trabajo.



Las Causas Perdidas

El mecenas de los poetas ebrios


Me dispensé la literatura como un ladrón de la comedia humana. Hurté la ciencia y el mal en un magnífico volumen, durante una noche que tropecé con la cabeza de un viejo parecido a Baudelaire. Escribí mi primer Góngora a la orilla de un pueblo de mineros donde los niños nos hicimos hombres a los catorce años. Fui el mejor bebedor, el mecenas de los poetas ebrios, de los fumadores de marihuana. Una mujer me besó en la calle de los burdeles para asombro de la muchedumbre. Estuve encerrado en una prisión antigua y los reos me elevaron en hombros gritando mi libertad. He vivido sin retirarme y sin renunciar a mi nombre ni a mi causa. Un día volveré desde el fondo de mi tumba para tomar mi puesto.



La poesía ha muerto

De esa famosa joven melancólica no recuerdo ni el nombre que tenía.
Sólo sé que pasó por este mundo como una paloma fugitiva:
La olvide sin quererlo, lentamente, como todas las cosas de la vida.
Nicanor Parra

Con esfuerzo escribo este fárrago.
A mí me tocó decir que la poesía ha muerto,
sin ambages y sin metáfora.
La pequeña difunta debió morir con sol, y sin embargo llueve,
quizás sin relación porque ha nadie le ha importado nunca la poesía.
Es mejor que haya muerto. Ya era fea, roñosa y prostituida.
Era difícil colocarla en las librerías, apestaba, era invendible,
nadie podía invertirle un céntimo.
Los bribones la usaban para sus viajes a Barcelona, México, Bogotá y Buenos Aires,
todos con ínfulas de literato, mientras la pobre puta,
la perra callejera se moría de inanición.

La poesía ha muerto, señoras y señores (Suena el teléfono. Aló Jorge, sólo queremos saber si va a venir porque hace una hora que lo estamos esperando)
La poesía murió de flaca, de falta de poetas y de musas,
murió de carencia y de puta.

Pero los bellos animales siguen existiendo, y el tren, y el camino y los filósofos
(Jorge, va a venir o no, porque ya sólo están tres muchachos
y lo estamos esperando en el taller de poesía).

En la hora que menos imaginamos sólo un pájaro canta bajo la lluvia,
y de lo único que dispongo es esta verdad aterradora:

La poesía ha muerto.



Un sepulcro sin luto

Es quieta la mañana en que la poesía, débil y miserable, ha muerto.
Oportunamente un gallo fatigado lanza su grito triste, indigente,
absurdo, apenas audible en medio del trajín.

En el pueblo, hoy hubo celebración con cielo encapotado.
Un niño recitó un poema inaudible y sin anuncio vomitó
mientras el arlequín danzaba con su pañuelo de colores.

La poesía ha muerto y es mejor.

Devastado por el olor del museo en la ciudad de Octavio Paz,
me miro los pies pequeños y mis libros escritos con cierto
manejo de la metáfora y sentido de la sombra.
Todo ha estado bien, la poesía me ha sonreído desde niña.

Mi viaje en avión, mi mujer, mi compañero poeta que no sabe nada
de poesía y sin embargo hoy leerá sus dislates transmitido por satélite.

Desde lejos me seguía, con su oficio de musa y sus ojos de invierno.
En mi infancia me dio la orfandad, y el sentido de paria en la metrópoli,
y de mi brazo roto se sostuvo. No ha sido un crimen, era necesario
que muriera, sin lágrimas, bonita, lista para un sepulcro sin luto.


Esto no es literatura, mucho menos poesía

De manera inevitable, en la ribera de mis Causas Perdidas, un poeta se ha lanzado y ha dado de bruces contra la corriente. Como sobre una rampa, sin química ni sport, el poeta me ha visto en amena charla. Yo le he divisado armónico, en éxtasis, iluminado con su canon a cuestas, terriblemente iluminado. Ha mencionado que en mi poesía algo se sale de contexto. Ya nadie me atrapa, le he respondido, estoy libre de poesía. Ahora doy clases de confort en el arte y me interesa sólo el vértigo y la destrucción. En medio de la atmósfera diluviana, el poeta me mira empequeñecer desde lo alto, y se lanza contra toda mi sangre y contra el fuego de mis Causas Perdidas. En la tromba, mis versos heroicos se aíslan en su charco, hoscos, huraños, sin perdón, y el poeta, inaudito en la novedad muda, acelera el navajazo en una de mis joyas. Ya en la soledad y después de mis magras viandas, lo he sabido. Esto no es literatura, mucho menos poesía.



Continúo en escena
A Giovanni Rodríguez, extraordinario poeta hondureño

Continúo en escena, cada vez más trivial y próximo a una verdad material en la que mi propia vida cambia. Quizás yo mismo sublimo mi pequeña historia de antihéroe y paradójicamente me acerco al desaparecimiento del poeta que soy. Aquí no hay una escenografía, un proscenio, una candileja o una tramoya de donde pendan los proyectores para alumbrar a nadie. Aquí estoy yo solo y mi verdad. La ciudad es un sueño por el que he caminado sin rumbo, un ideal que no se realiza sino en el forcejeo de quienes la habitamos. Jamás saldremos de aquí, de esta envoltura de aire enrarecido y cada quien encarnará su papel aunque no quiera. Yo soy el mito, mi utopía, y no soy arquetipo de nada, y no obstante siento mi rostro convertido en la infame figura de Jorge Martínez Mejía que intenta liberarse de mí. Lo he escogido a él porque encarna perfectamente el rostro novelesco de un poeta que renuncia a su esencia, a su sueño. Jamás será un poeta liberado, demasiado bien le queda el papel y su apasionamiento lo ubica en el límite, en el extremo favorable para su interpretación. Su vehemencia, su sacrificio cotidiano, su posibilidad para profundizar en los secretos del arte, su habilidad con el lenguaje; todo lo eleva como mi candidato preferido. Cuando me he puesto a pensar en otro que tenga su perfil, su impasibilidad, su aire guerrillero, su tesón, me he turbado con deleite. Sólo él puede renunciar a lo que ama, a su dulcísima mater. En los entreactos conversa con sus amigos y su hermano y poco a poco va tejiendo la historia de su renuncia, va construyendo su propia leyenda, sus nuevas ilusiones de salirse de la época. Y la episteme se alza en su corte sincrónico y lo cruza y lo parte en dos y la verdad le pasa por encima. Somos demasiado débiles para conocer lo que hay más allá de los grandes relatos. Somos frágiles. Como la arcilla nos humedece la historia y la leyenda y cada cual juega su papel, su acto, y exhibe los hilos del único guión posible. Mi rostro de poeta se va desdibujando en la medida en que me adentro en la intimidad de Jorge Martínez Mejía, y su fuerza racional y su juego de matarse supone que hay un hombre detrás de ese nombre. Es necesario un acto para empezar una nueva escena, un acto de conciencia, una renuncia profunda, un olvido exacto, las palabras dichas con la precisión cirujana que rompan el último hilo de la historia. En el escenario, Jorge Martínez Mejía interpreta el mimo que golpea el vaso de cristal en que sufre su encierro.

Mi pobre y fea musa

Mi más hermosa musa es la más fea de todas las musas literarias.
Renegada, apestosa, apócrifa y sin baño. Sus manos pequeñas
y arrugadas son un ramillete de hojas mustias o una pata de gato.
No hay erección cuando la veo, no es como las otras.
De no haber sido tan fea hubiera sido putita o habría muerto
tísica en cualquier esquina del barrio.

Mi pobre y fea musa. Se pone triste cada vez que la regaño.
–Bañate, le digo, hacete algo, arreglate el pelo,
untate en las uñas un color verde o negro.
¡Perdete de este cuarto!

Yo ya no quiero verla, me da asco su grueso pelo graso,
pero no es fácil alejarla; se lanzaría a un barranco.

Y quizás eso es lo que quiero. Ver como se estrella,
como se hace pedazos, pero tener que recogerla,
dar cuentas de sus cosas, guardar su retrato,
meterla en un cajón; eso sería absurdo.
No puedo, no es mi trabajo.


Todo ha conjurado
Para que la poesía muriera nos pusimos de acuerdo y fuimos cínicos, claros, impasibles. Conjuró nuestro aburrimiento de toda esa perorata sobre la belleza, quedamos hastiados de Octavio Paz, de su mayéutica seudo socrática, de su abismal cerebralidad, nos cansó también Sabines, buscamos un poco de frescura y sólo había música, baladas insufribles. El cielo tenía un encanto de basurero y las ratas y su perfume salobre seguían recordándonos las calles de un Baudelaire abuelo. Para que muriera la poesía se desvaneció el torrente de Rimbaud, las alturas de Neruda, el bramido de Vallejo. Pero ya antes nuestro desdén desangraba su cólera golpeando con el muñón la pared de las ranas y su croar hecho a base de palabras incongruentes…¿Qué putas es la poesía? ¿Una larva francesa convertida en lengua de vaca? ¿Ladrillo? ¿El fustán de una vieja que hace pan casero? ¿Una piedra mítica de Grecia? Conjuró toda esta resbalosa e insalubre caries de la palabra. Algunos confundieron el autismo de Hölderlin, se arrinconaron en los manicomios y se hartaron un mendrugo sacado del mero culo de Dios, para nada. Todo ha conjurado. Ni soy el último ni el primero, pero es menos mi albedrío cuando estoy a punto de pegarle un vergazo al cadáver de esta pobre muerta con la que me encuentro a solas.
















martes, 26 de octubre de 2010

Darío Cálix: Una muestra del Grado Cero en la poesía hondureña

Imagen de Saudek Jan



Desde el suelo


La piedrita más pequeña
sirve de excusa
para caerse.

Y ni la rama más fuerte
sirve
para detenerse.

Abajo,
aquí abajo,
la tierra misma tiene depresiones.

Aquí,
la tristeza se siembra,
y la poesía florece
a falta de flores.


Prematuro


Embarazado de letras,
voy a parir un poema
prematuro,
que morirá,
seguramente,
por falta de tetas
que lo lean.


La ciudad


La ciudad está más gris
que de costumbre,
quizás por el invierno,
quizás sea el agua o el frío
o la mugre;
quizás sean sus habitantes.

La ciudad no es nadie,
no tiene la culpa.

La ciudad, esta ciudad,
la ciudad en la que usted está,
no es más que un simple escenario
en el que montamos
una mediocre obra
donde todos somos actores,
malos actores.
(Cada quien lee
como puede
su partecita del guión
y luego se va a dormir contento
en su casita de mentiras
y sueña,
si tiene suerte.)

La ciudad es un pequeño universo
con sus respectivas paredes negras
y sus hoyos
y sus vacíos
y sus llenos
y sus estrellas.

La ciudad es poema
de un solo verso.

La ciudad no es culpable.

La ciudad ni siquiera sabe
que es ciudad.
La ciudad es cosa de hombres.


¿Querés ver a Dios?



Cuando yo tenía seis o siete años,
alguien me preguntó si quería ver a Dios
y yo conteste que sí,
que tenía muchas ganas de verlo.
Pues esa persona
-que no recuerdo quién era-,
me agarró fuerte de las sienes
y me levantó.

Todo se tornó blanco a continuación.
Aquellas manos parecían dagas
que me perforaban el cráneo
y grité y lloré
de pánico y dolor.

Desde entonces comprendo
que Dios no existe
y se me quitaron para siempre
las ganas de verlo.


Lo último que el mundo quiere es poesía


El arte es una tontería
Rimbaud

Hay que ver que los poetas
son un tipo bien especial de persona.
¿A quién diablos se le va ocurrir
juntar palabras de esa manera?

Es que no tiene sentido.
La poesía no sirve para nada.

Un carpintero hace una silla
y ahí está:
es buena, es útil,
es una silla.

La gente se quiere sentar.

Un poeta hace un poema
y… ¿y qué?
Nada. Absolutamente nada.
De todas las cosas
que el mundo quiere y necesita,
poesía debe ser la última.


Maldita seas

Maldigo el día en que todas las palabras que callé
se rebalsaron finalmente por mi mano derecha
para desembocar en algún poema sucio
de dolencias de adolescencia.

Maldigo las miradas ambiguas de Claudia,
sus falditas azules siempre arriba de la rodilla
y su escote coqueto que nunca me dejaba ver nada.
(Cómo olvidar aquel primer poema que me arrebataste,
bruja sensual hacedora de poetas de cuarta.)

Maldigo el cáncer de Rubén.
Maldigo las drogadicciones de mis tíos.
Maldigo el suicidio de mi abuelo.
Y en fin, maldigo todas esas cosas
que de pequeño me jodieron.

Maldita y bendita sea la poesía
por aprovecharse de todo eso.



Porque sí

¨If you’re going to try,
go all the way.¨
Charles Bukowski


¿Por qué tenés que escribir un poema?
Porque tenés que escribir un poema.
Porque es lo único en lo que no das pena.
Porque es lo que te sale.

Tenés que hacer un poema
y quitarte de en medio.
 Dejar que lo fusilen
y que lo violen,
que lo golpeen
y que lo toquen.
Dejar que lo humillen.
Dejarlo que llore.

Te matás por hacer un poema
y todo para que lo deshagan.
Y luego sentís como si fuera a vos,
porque es a vos.
A vos es que te joden.
Entonces te das cuenta,
que te matás sólo para que te maten.
Te matás para que te maten,
a vos y a tus poemas.
Así es, así ha sido
y así será siempre.
No hay que tener miedo,
aunque el miedo te esté comiendo.
Tenés que escribir un poema.
Tenés que hacerlo.


Escribiéndole un poema a Laura


Parece que Laura va a llorar…
Lo sé, lo siento.
Soy un pendejo
y no puedo esconderlo.

Laura está llorando…
Y no sé que hacer,
así que lloro también.

¡Y nunca me escribiste un miserable poema!,
me dice Laura,
con el último
de sus rencores.

Aquí estoy entonces,
para hacerla sentir bien,
para que ya no llore:

Querida Laura,
tus ojos de agua
se han secado
y ahora son desiertos
en los que ni siquiera un cactus
podría aparecer.

Laura querida,
extrañaré muchísimo tus tetas
y esa mano tuya
que siempre supo
cuándo, cómo y dónde.

Oh Laura, alguna vez te amé y mucho,
pero supongo que ya se me pasó.
Eres bonita y muy inteligente,
seguro encuentras algo mejor.
Se despide de ti,
preferiblemente para siempre,
este mal hombre y peor escritor,
al que nunca le dio por escribirte algo
hasta que te vio llorando.

Adiós.

Eso

Para B.

En el lecho del mar
o en el mar de tu pecho
ha de estar,
puro y virginal,
eso que no sé qué es
ni por qué o para qué lo quiero;
eso, que no por desconocer
me es extraño,
y que aun sin ser
sigue siendo;
eso que inventé como excusa
para escribirte esto.



No poesía

that's what they want:
a God damned show,
a lit billboard
in the middle of hell.
Charles Bukowski




Quieren un carnaval.
Quieren fuego, luces,
hadas, duendes,
pantomima,
magia,
metafísica,
mística,
mitos, ritos,
dioses, cruces,
muerte,
misterio.

Palabrería es lo que quieren.

Quieren un maldito acertijo
para sentirse inteligentes mientras lo resuelven.

domingo, 24 de octubre de 2010

CRAVAN: UN MALDITO POETA CHUCO



Arthur Cravan no era muy querido entre sus colegas de las ligas boxísticas y los círculos literarios. La mayoría de los escritores lo miraban con desprecio, veían en él a un bufón desvergonzado, un vendedor de injurias que seguía al pie de la letra la consigna de los alborotadores según la cual la gloria es un escándalo. Sir Arthur Cravan se definía como el poeta con los cabellos más cortos del mundo y aseguraba considerar el arte como un medio y no como un fin. En su particular ranking los deportistas, los ladrones del Louvre y los locos estaban por encima de los artistas.

Por su parte los boxeadores lo veían como un señorito que posaba de rudo. Muy blanco para estar en los cuadriláteros y muy elocuente y bien peinado. “Rellenar mis guantes de boxeo con rizos de mujer”, escribía Cravan en su revista para ganarse la animadversión de los pegadores. Se le acusaba de degradar el boxeo con sus pantomimas de poeta duro. Su primer título lo ganó gracias a la enfermedad de su rival, quien no pudo presentarse al ring.

Nadie entendía cómo un mismo hombre podía hacer las veces de un culto señorito de mundo, un filipichín cosmopolita y donairoso, y presentarse además como un gañán tosco y primitivo, un malandrín ingenioso y brutal. Un gigante que oficiaba como poeta y boxeador, cantor de versos y quebrador de quijadas. El anuncio de una de sus conferencias explica perfectamente su doble condición: “Cravan, profesor de cultura física en la Academia de México, dará próximamente una conferencia sobre arte egipcio”.

PRIMER ROUND. Aquí el asunto es apenas de estudio. Un simple bailoteo en el que se lanzan golpes inofensivos para ir soltando las manos. Lo primero que se debe saber del poeta Cravan es un parentesco que le interesaba más a él que a cualquier otro, lo gritaba a los cuatro vientos y casi lo anotaba al pie de su firma como si se tratara de un apellido: Cravan era sobrino de Oscar Wilde por parte de su madre, cosa que aprovechó con gusto y cinismo. Su verdadero nombre era Fabian Avenarius Lloyd. Nació en Lausana, Suiza, el 22 de mayo de 1887, donde permaneció hasta los 16 años. De allí emprendió su travesía de vagabundo que lo llevó por diversos oficios y países: fogonero en Australia, chofer de automóvil en Berlín, marinero en el Pacífico, caballero de industria no sé dónde, mulero, recolector de naranjas en California, encantador de serpientes en Nueva York, leñador de bosques gigantes, ladrón y delicioso farsante donde llegara. Luego de su periplo se instala en París, donde comienza a pulir sus puños en el club de boxeo Fernand Cuny. Antes de que suene el primer campanazo, digamos cosas propias del pesaje: Arthur Cravan. Estatura: 1,90 (aunque su delirio de grandeza lo hacía decir que medía casi 2 metros). Peso: 105 kilos.

SEGUNDO ROUND. En 1910 dio sus primeros buenos golpes al ser proclamado campeón de los pesos medios en el II campeonato anual de principiantes y aficionados, y campeón de Francia de pesos medios en el VIII encuentro de boxeo para aficionados y militares. Cravan parecía tener una fuerza y un vigor que su cuerpo no lograba contener: “Yo, que sueño incluso en las catástrofes, digo que el hombre es tan desdichado porque mil almas habitan un solo cuerpo”. Quería arro­llar­lo todo bien fuera a puños o a golpes de ingenio. Bien pronto descubrió en la extravagancia su mejor arma y abrazó los ideales alborotadores de su tío. Decía admirar el ruido que hacían Marinetti y los futuristas porque la gloria es un escándalo. En vista de que el insulto y la herejía necesitaban de algo más que su viva voz, fundó en 1912 la revista literaria Maintenant,que dirigía y escribía casi en su totalidad. De ella aparecieron 5 números, el último en 1915. Una buena muestra de la insolencia que destilaban sus páginas aparece en la sección Cosas Diversas que se publicaba al final de la revista: “Nos ha alegrado mucho la noticia de la muerte del pintor Jules Lefebvre”.

TERCER ROUND. Las páginas de Maintenant son el mejor tinglado para Arthur Cravan. En ellas se muestra más pendenciero que en cualquier ring y desde ellas lanza golpes estilizados de pegador profesional y golpes bajos de peleador callejero. Para que sus contiendas tengan alguna resonancia, los sparringsno pueden ser de categorías livianas, así que acomete contra algunos pesos pesados. Primero contra André Gide. El director de Maintenant dice que “tiene la idea de alcanzar la fortuna de forma deshonesta y de manera inesperada mediante la poesía”. Una de sus tácticas consiste en deslumbrar literatos viejos, cansados y millonarios. Valiéndose de su parentesco con Oscar Wilde consigue que Gide lo reciba en su casa, y ya imagina el dinero que le hará gastar en sus caprichos, y los viajes en primera, las nobles monturas, los palacios, los amores que disfrutará a cambio de divertir a su mecenas. Sin embargo, al llegar a la casa de su ilustre anfitrión Cravan se muestra decepcionado por el escenario un tanto gris, de espíritu protestante, y por la actitud del señor Gide, quien “no le ofrece absolutamente nada, excepto una silla”. Esa muestra de tacañería convierte la avidez de Cravan en ojeriza contra su anfitrión. Y comienzan las malévolas descripciones del mobiliario y el personaje: “El señor Gide no parece un hijo del amor, ni un elefante, ni varios hombres: parece un artista; y sólo le haré este cumplido, por lo demás desagradable: que su pequeña pluralidad proviene de que se podría tomar muy fácilmente por un cómico de la lengua. Su osamenta no es nada notable; sus manos son las de un vago, muy blancas ¡pardiez! En conjunto es una naturaleza muy pequeña. El señor Gide pesa unos 55 kilos y mide 1,65, más o menos. Su porte traiciona a un prosista que nunca podrá hacer un verso. Además, el artista ostenta un rostro enfermizo, de donde se desprenden a la altura de las sienes unas láminas de piel algo mayores que unas pequeñas escamas, inconveniente que el pueblo explica diciendo vulgarmente de alguien: ‘se está pelando’ ”. Al final de su nota so­bre la visita al señor Gide, el maledicente Cravan dice que en una ocasión recibió una carta de tan ilustre personaje, y a renglón seguido ofrece las copias autógrafas de la misiva al precio de 0,15 francos. Suena la campana para Gide, quien ha debido tirar la toalla ante la desvergüenza de su invitado.

CUARTO ROUND. En este asalto la pelea es contra los pintores. El número 4 de Maintenant comienza con una reseña de la exposición de los Independientes realizada en París en 1912. El primer golpe es para tumbar a cualquiera, más cuando se trata de las sensibles quijadas de los pintores: “Al salir de la exposición experimenté un profundo asco por la pintura... Me preguntarán, entonces ¿por qué, si desprecio la pintura, me molesto en hacer su crítica? Pues es muy sencillo: si escribo es para hacer rabiar a mis colegas; para que hablen de mí y para hacerme un nombre. Con un nombre se triunfa con las mujeres y en los negocios”. Luego se faja con algunos pintores en particular haciendo la salvedad de que sólo lo hace por picardía, para vender su número, ya que todas esas “nulidades” lo comprarán por el solo placer de ver el nombre en letra impresa. Su crítica es más bien heterodoxa. Por ejemplo, de Henry Hayden dice: “Preferiría permanecer dos minutos debajo del agua que delante de su cuadro: me ahogaría menos”. Chagall le parece un inocente demasiado pequeño y Malevitch, pura afectación. A otros los descabeza mandándolos a callar o simplemente tratándolos de estúpidos, sucios, tontos y fracasados. Por último dice que todo el salón no era más que un circo lleno de “pintamonas”.

QUINTO ROUND. La pelea se está alargando demasiado y hasta ahora no ha habido más que palabras. El poeta cínico debe dar paso al boxeador. Los primeros espectáculos boxísticos en que actúa Cravan son un verdadero show de variedades. Antes de que le suelten la “bestia” de turno, el poeta muestra algunas habilidades más amables, así que los carteles anuncian que el sobrino de Oscar Wilde hablará, bailará y boxeará, en una magnífica exhibición de “boxing-dance”. Todo parece ser un juego de taberneros, estibadores y artistas haciendo de bandidos.

SEXTO ROUND. Éste es el gran asalto de Cravan. Plaza de toros de Barcelona. Domingo 23 de abril de 1916 (¡día del idioma!). Gran fiesta de boxeo. El ex campeón del mundo Jack Johnson, negro de 110 kilos, VS el campeón europeo Arthur Cravan, blanco de 105 kilos, con una bolsa de 50.000 pesetas para el vencedor. Cravan saltó al ring luciendo una corta bata blanca y su enemigo lo hizo ataviado de un larguísimo camisón oscuro a rayas verticales. El combate se inició con el grito de “go” del árbitro y sus incidencias fueron narradas en una página por el escritor francés Blaise Cendrars: “El bello Arthur se puso en guardia, poniendo sus dos puños enfun­dados en los guantes delante de su rostro, bajando la cabeza, metiendo el estómago, doblándose hacia adelante para protegerse el corazón con los codos apretados el uno contra el otro, y esperó el golpe fatal. La nuca entre los hombros, curvando la espalda, sin esbozar un gesto, ni siquiera una finta fingida para parecer que parezca, limitándose a patear, dando vueltas sobre sí mismo, temblando visiblemente. El negro se movía en torno al valiente muchacho como una gorda rata negra en torno a un queso de Holanda, haciéndose llamar al orden tres veces seguidas porque tres veces Big Jack dio una patada en el trasero al poeta-boxeador para descongelar un poco al sobrino de Oscar Wilde, y el negro le golpeaba las costillas dándole puñetazos, riéndose, animándole, riñéndole y, súbitamente encolerizado, Jack Johnson lo tumbó con un formidable bofetón en la oreja izquierda, un golpe digno de un matarife o un maleante, porque estaba más que harto. Cravan no se movió más. El árbitro contó los segundos. El gong anunció el final del combate. Y Jack Johnson fue declarado ganador por nocaut. La cosa no había durado un minuto. Entonces el negro se puso a increpar al público catalán que protestaba vehementemente, invadiendo el ring, exigiendo que les devolvieran el dinero, saqueando la plaza, quemando las barreras. La policía llegó para evacuar el lugar, y como el tumulto se hizo general hubo que llamar a los carabineros para llevar al campeón del mundo a la comisaría y los organizadores tuvieron que intervenir devolviendo el dinero.

”Mientras que los managers españoles buscaban por toda la ciudad a Cravan, que se había escabullido, el bello Arthur, encerrado en su camarote a bordo del barco que navegaba hacia Estados Unidos, se limpiaba la oreja izquierda que tenía roja, no de vergüenza, sino de la violencia del tortazo recibido. Y tal como le conozco debió de importarle todo un bledo y seguramente se decía: ‘¡Salvar la cara está bien para los chinos! En mi caso el retrato está intacto y eso es lo que importa, ¡cara guapa...!’ ”.

Los periódicos catalanes calificaron el “Gran combate” como un “gran timo o engaño”, llamaron comparsa al poeta y boxeador y lamentaron la degradación que tales espectáculos le infligían al viril deporte del boxeo.

SÉPTIMO ROUND. El poeta se ve contra las cuerdas, acosado por unas preguntas acerca de su combate con Jack Johnson, pero riposta y sale airoso del difícil trance. La mentira llana, su mejor recurso. Un año después, ya en Norteamérica donde se ha refugiado de la guerra, el poeta dice que la pelea con Johnson duró siete asaltos, que su preparación no era buena porque llevaba dos años sin boxear y que sin embargo hizo daño al negro, quien demostró una magnífica capacidad de resistencia. Y continúa sin que ningún rubor asome en su cara pulida: “Cuando subimos al ring, ninguno de los dos estábamos en buena forma, y yo no tardé en despistarme. La principal dificultad a la que hube de enfrentarme fue su izquierda, con la que me mantenía constantemente alejado. Es unos cinco centímetros más bajo que yo. Después de Poe, Whitman y Emerson, es el más grande norteamericano que haya existido. El día que haya aquí una revolución, haré cuanto esté a mi mano para que sea nombrado rey de los Estados Unidos”.

OCTAVO ROUND. Las amistades de Cravan no sólo estaban entre los poco confiables empresarios de boxeo, los apostadores de tercera y los enemigos de tinglado. Algunos artistas también hacían parte de su círculo. En Francia frecuentó los estudios de Francis Picabia, Robert Delaunay y Kees van Dongen, y más tarde en América tuvo un trato distante con Marcel Duchamp. En sus travesías se cruzó con el poeta Robert Frost, con quien recorrió buena parte del norte de los Estados Unidos. Pero tal vez su encuentro más extraño haya sido con León Trotsky. Con él viajó rumbo a Estados Unidos a bordo del buque Monserrat. Cravan no pasó desapercibido ante los ojos del revolucionario soviético: “El barco estaba poblado por gente de lo más variopinto y en su conjunto poco atractiva. Numerosos desertores de diferentes países... Había un boxeador, literato a ratos, sobrino de Oscar Wilde. Confesaba abiertamente que prefería destrozar las mandíbulas de los yanquis practicando un deporte noble, que dejarse hacer pedazos por un alemán”.

NOVENO ROUND. En Nueva York Cravan sufre una nueva derrota. Algunos subalternos lo salvan de la caída y lo sacan en medio de un gran abucheo del público. Esta vez la derrota no fue en el ring sino en la mesa principal de la Grand Central Gallery, durante la exposición de los Independientes de Nueva York. Cravan fue invitado por Francis Picabia y Marcel Duchamp para dar una conferencia sobre “Los artistas independientes de Francia y América”. El gigante entró tambaleando, ya no debido a los golpes de algún negro enorme, sino gracias a un almuerzo en exceso etílico. Cravan llegó, golpeó la mesa con todas sus fuerzas y comenzó a desvestirse quizá en espera del negro de turno, pero el asunto era otro y los policías lo sacaron esposado. Cuando salía arrastrado del recinto, se oyó su voz en la forma de un “alarido que cubrió el tumulto y el chirrido de los trenes de New York Central”. Al día siguiente los periódicos neo­yorkinos lo apalearon sobre la lona: “El señor Cravan era verdaderamente un lunático pero también era, saltaba a la vista, independiente. ¿No era ése el tema de su conferencia?” (The Sun, Nueva York, 20 de abril de 1917).

DÉCIMO ROUND. El poeta-boxeador ha hablado, bailado y boxeado, pero dónde están sus poemas. Aquí la pelea la gana por puntos. ¿Y la bolsa? Ninguna.

¡ARRE!

¿Qué alma disputará mi cuerpo?
Oigo la música:
¿me arrastrará?
Me gusta tanto el baile
y las locuras físicas
que siento con evidencia
que, de haber sido jovencita,
habría acabado mal.
Pero desde que estoy sumergido
en la lectura de esta revista ilustrada
juraría no haber visto en mi vida
fotografías más asombrosas:
el océano perezoso meciendo las chimeneas.
Veo en el puerto, sobre el puente de los vapores,
entre mercancías imprecisas,
mezclarse los choferes con los marineros;
cuerpos pulidos como máquinas,
mil objetos de la China,
las modas y las invenciones;
luego, dispuestos a atravesar la ciudad,
en la suavidad de los automóviles,
los poetas y los boxeadores.
¿Cuál es esta noche mi error?
¿Que entre tanta tristeza
todo me parece bello?
El dinero que es real,
la paz, las vastas empresas,
los autobuses y las tumbas;
los campos, el deporte, las queridas,
hasta la vida inimitable de los hoteles.
Quisiera estar en Viena y en Calcuta.
Tomar todos los trenes y todos los navíos,
fornicar con todas las mujeres y engullir todos los platos.
Mundano, químico, puta, borracho, músico, obrero, pintor, acróbata, actor;
viejo, niño, estafador, granuja, ángel y juerguista; millonario, burgués, cactus, jirafa o cuervo;
cobarde, héroe, negro, mono, Don Juan, rufián, lord, campesino, cazador, industrial,
fauna y flora:
¡soy todas las cosas, todos los hombres y todos los animales!
¿Qué hacer?
Probaré con el aire libre,
¡quizás ahí podría prescindir
de mi funesta pluralidad!
Y mientras la luna,
más allá de los castaños,
unce sus lebreles
e, igual que un caleidoscopio,
mis abstracciones
elaboran las variaciones
de los acordes
de mi cuerpo,
que mis dedos pegados
a la delicia de mis llaves
absorben frescos síncopes,
bajo mociones inmortales
mis tirantes vibran;
y, peatón ideal
del Palais-Royal,
me embriago de candor
incluso con los malos olores.
Repleto de una mezcla
de elefante y de ángel,
lector mío, paseo bajo la luna
tu futuro infortunio,
armado con tanta álgebra
que, sin deseos sensuales,
entreveo, fumadero del beso,
coño, mamada, agua, África y descanso fúnebre,
detrás de las persianas tranquilas,
la calma de los burdeles.
Bálsamo, ¡oh mi razón!
Todo París es atroz y odio mi casa.
Los cafés ya están oscuros.
Sólo quedan ¡oh mis histerias!
los claros establos
de los orinales.
Ya no puedo seguir quedando fuera.
Ésta es tu cama; sé tonto y duerme.
Pero, último inquilino
que se rasca tristemente los pies,
y, aunque cayendo a medias,
si yo oyese sobre la tierra
retumbar las locomotoras,
¡cuán atentas podrían volverse mis almas!



UNDÉCIMO ROUND. La vida comienza a golpear con fuerza, Cravan está en un cuerpo a cuerpo contra la miseria. Viaja a México y atraviesa a nado la frontera del río Grande. Años antes había escrito en el segundo número de Maintenant que la primera condición para un artista era saber nadar. Tiene la intención de trabajar en las minas de plata. En enero de 1918 se casa con la poetisa Mina Loy y se establecen en Veracruz, donde Cravan da clases de cultura física en la Academia Atlética de Ciudad de México. Más tarde Mina Loy queda embarazada y viaja a Argentina, donde deben encontrarse cuando Arthur reúna el dinero suficiente.

DUODÉCIMO ROUND. A partir de ese momento el misterio envuelve el destino de Arthur Cravan. Se embarca en un pequeño velero en el Golfo de México y no se vuelve a saber más de él... Siete, ocho, nueve, diez... ¡fuera!

viernes, 22 de octubre de 2010

POETAS DEL GRADO CERO: LA DESTRUCCIÓN DE LA METÁFORA











(Reseña biográfica del movimiento)

En el año 2007, Jorge Martínez Mejía, poeta hondureño nacido en Las Vegas, S.B., concluía la producción de su libro Las Causas Perdidas. Se desempeñaba como gestor cultural en la Oficina Regional de Cultura de San Pedro Sula junto a los escritores Mario Gallardo y Gustavo Campos. Ahí, en esa oficina conocida como El falso Olimpo, se desataban las discusiones más ácidas y cítricas desnudando la literatura como si se tratara de una cebolla surrealista. El panorama se les mostraba pálido, descosido. Autores de enorme peso eran desconocidos, olvidados junto a su obra, o se erigían falaces monumentos, mientras la insulsa creación de algunos escritores trasnochados tomaban las ciudades por asalto, recorrían las librerías y los espacios en la más absoluta impunidad, ante la mirada sosa de un auditorio inexperto y frágil. Bastará decir que Las Causas Perdidas es un libro cargado de esa sensación de orfandad y desolación, una pincelada de las discusiones cruzadas que se llevaban a cabo en esa relegada oficina de cultura. Uno de los textos capitales de Las Causas Perdidas es El Manifiesto de los Poetas del Grado Cero, que ahí mismo suscriben y enriquecen Gustavo Campos, Mario Gallardo y Jorge Martínez Mejía. Posteriormente lo suscribirán los jóvenes poetas Nelson Ordóñez, Darío Cálix, y Karen Valladares el 6 de enero del año 2008. El nacimiento de Los Poetas del Grado Cero puede considerarse el acto normal de un sujeto crítico que rechaza no sólo la expresión pueril en la literatura, sino la prostitución del oficio, la nadería de la pose, las ínfulas sin esencia, la carencia de vitalidad. Se podría decir que la aspiración de los Poetas del Grado Cero es decir de la propia vida lo que se tiene que decir. Llegar a la palabra sin la decoración metafórica, sin pretender mostrar otra cosa que no sea la vida, sin patetismos y sin la escandalosa ridiculez de la parafernalia mítica de la poesía.

El 14 de diciembre de 2007 se lee por primera vez en público el Primer Manifiesto de Los poetas del Grado Cero, en la ciudad de Trinidad Santa Bárbara, en el marco del Tercer Peregrinaje de Escritores. Se distribuye el manifiesto a los asistentes.

El 14 de marzo de 2008, los Poetas del Grado Cero resuelven realizar una ceremonia simbólica de asesinar la poesía. Mario Gallardo no asiste porque tiene que estar en la presentación de una tarjeta plus de Master Card y habrá buen vino; Gustavo Campos no asiste porque está borracho en una glorieta junto a sus primos; Karen Valladares no asiste porque se encuentra en Tegucigalpa, pero sigue minuto a minuto la ceremonia vía celular. A la cita sólo llegan Jorge Martínez Mejía, Nelson Ordóñez y Darío Cálix. Ahí, en un acto sin precedentes en la literatura hondureña, incineran una boina gris que se resiste al incendio, sin embargo, sus restos chamuscados son enterrados en la falda de la cordillera de El Merendón.

El 22 de abril de 2008, Jorge Martínez lee una muestra de Las Causas Perdidas en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, dedicando su lectura a los irreverentes poetas del grado cero, generando algunos comentarios por el desenfado y franqueza de sus poemas.

El 30 de abril se produce el video del I Manifiesto en el que se presentan Jorge Martínez Mejía y Gustavo Campos. El video es divulgado en la net y genera en el interior del país controvertidos comentarios.

El 3 de agosto de 2008 se publica en el blog de Los Poetas del Grado Cero el II Manifiesto: Los hijos de Caín.

El 6 de septiembre de 2008, Karen Valladares, Nelson Ordóñez, Darío Cálix, Bessy Nada y Jorge Martínez inician una gira literaria por Nicaragua, la que se ve frustrada porque Bessy no lleva sus documentos personales y Nelson no lleva los documentos del vehículo.

El 8 de octubre de 2008 se recibe la carta de renuncia del poeta Gustavo Campos. La Logia de los Poetas del Grado Cero se reúne y contesta el 14 de noviembre dejando su silla vacante hasta segunda orden.

El 6 de enero de 2009 se produce un enlace vía internet con los sobrevivientes de los Infrarealistas de México y se establece un vínculo directo con los poetas del movimiento La Era del vacío.

Durante los hechos políticos suscitados el 28 de junio de 2009, los Poetas del Grado Cero denuncian desde todas sus posiciones las atrocidades del golpe de estado, reportan diariamente los acontecimientos mientras acompañan las marchas como Artistas en Resistencia.

El 14 de diciembre de 2009, en el marco del Paseo Real de las chimeneas gigantes, en la ciudad de Trinidad, Santa Bárbara, en una lectura pública que es televisada, los Poetas del Grado Cero declaran al presidente depuesto Manuel Zelaya Rosales, Primer Héroe Nacional vivo y le envían directamente el poema “El mar de nuestros días”.

Es necesario decir que el Movimiento Literario Poetas del Grado Cero ha sido percibido muchas veces como un acto de inconsciente adolescencia por parte de adversarios propensos a cierta quietud acomodada que se ve afectada por la fuerza y crudeza del discurso sacrílego de los Poetas del Grado Cero, quienes procuran desmontar los códigos tradicionales de la poesía. El discurso de Los Poetas del Grado Cero se coloca en medio del discurso de la literatura para producir una explosión que deje en carne viva un lenguaje básico, sostenido en la experiencia de superar a la literatura misma y su metarelato de jirafas.

De ahí que el blog de los Poetas del Grado Cero (www.poetasdelgradocero.blogspot.com) sea una de las revistas más notables de la literatura hondureña porque encarna una visión de clara independencia de los clichés acostumbrados.

Desestabilizar la literatura, sus códigos, con los mismos códigos de la literatura. Hay allí una filosofía una actitud, un modo de desconfianza de todo lo que apeste a belleza, es decir, a exceso de melindres y cuidados intensivos del acto estético.

Los Poetas del Grado Cero permanecen fieles a la intención irreverente, de ruptura de los más anquilosados cánones literarios, esa es su raíz: la independencia intelectual, la libertad pura, la franqueza, la honestidad literaria, el gusto por el ejercicio del criterio, la lucidez para ver la realidad desde el enfoque de su destrucción para montarla desde sus cenizas. Este es el estatuto de los Poetas del Grado Cero en Honduras y Centro América.



jueves, 21 de octubre de 2010

EL FIN DEL MUNDO SEGUN STEVE McGEE

Steve McGhee es un artista gráfico de Ontario, Canadá, con una habilidad fuera de lo común para crear impactantes imágenes “apocalípticas” que ilustran el fin del mundo. Al puro estilo de las películas de Hollywood (de hecho él mismo confiesa que le gustaría ser director de cine) Steve recrea con lujo de detalles las catastróficas consecuencias que llevarán a la extinción de la especie humana en la tierra…


















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miércoles, 20 de octubre de 2010

TRES POEMAS DE AMOROSA MIERDA

CHARLES BUKOWSKI




ALGUIEN

Oh dios, tenía una tristeza espantosa,
aquella mujer estaba allí sentada y
me dijo
¿es usted realmente Charles
Bukowski?
y yo le dije
dejemos eso
no me encuentro bien
tengo una tremenda tristeza
y lo único que quiero es
echarte un polvo
ella se rió
creía que me las estaba dando
de listo
y yo no miraba más que sus piernas largas delgadas
celestiales
veía su hígado y sus entrañas temblando
veía a Cristo allí dentro
bailando un folk-rock.
Todas mis carencias interiores
se sublevaron
y fui hacia ella
y la tumbé en el sofá
y le levanté el vestido hasta el cuello
y me importó un pito
si era una violación o el fin del mundo.
Volver a estar
ahí
en un sitio
real.

Sí,
sus bragas estaban en el
suelo.

Y mi polla entró, mi polla entró
oh Dios, mi polla entró
yo era Charles
Alguien.


EL FINAL DE UN AFFAIRE MUY CORTO


Probé de pie
esta vez.
Habitualmente no
funciona.
Esta vez parecía que sí...
Ella decía
“¡oh, Dios, tienes unas piernas
tan lindas!”.
Estaba todo bien
hasta que ella levantó los pies
del piso,
y me envolvió con sus piernas.
“¡oh, Dios, tienes unas piernas
tan lindas!”.
Ella pesaba como 60 kilos
y se colgó de mí mientras yo
trabajaba.
Fue cuando acabé
que sentí el dolor
volando hacia arriba
por mi espalda.
La tiré en el sofá
y caminé por
la habitación.
El dolor seguía.
“mira”, le dije,
“mejor vete, tengo
que revelar algunas fotos
en el cuarto oscuro”.
Ella se vistió y se fue
y yo caminé hasta la
cocina para buscar un
vaso de agua. Agarré el vaso
con mi mano izquierda.
El dolor corría detrás de mis
orejas y
solté el vaso
que se rompió contra el piso.
Me metí en la bañera
llena de agua caliente y sales.
Me empezaba a relajar
cuando sonó el teléfono.
Intenté enderezar la espalda
y el dolor se extendió a mi
cuello y a mis brazos.
Me caí
me agarré de los bordes de la bañera
y pude salir
con mi cabeza llena de
luces verdes amarillas y
rojas.

El teléfono seguía sonando.
Atendí
“¿hola?”.
“¡TE AMO!”, dijo ella.
“gracias”, le dije.
“¿eso es todo lo que tienes
para decirme?”.
“sí”.
“¡vete a la mierda!”, dijo y
colgó.

El amor se seca, pensé.
Mientras volvía al baño,
más rápido incluso que el esperma.


LIBERTAD



Él tomó vino toda la noche, la noche del
28, y seguía pensando en ella:
la manera en que caminaba y hablaba y amaba
la manera en que le dijo cosas que parecían verdad
pero no lo eran, y él conocía el color de cada uno
de sus vestidos
y sus zapatos- él conocía la parada y la curva de
cada taco
tan bien como la pierna a la que le daba forma.
Y ella había salido otra vez cuando él llegó a casa, y
volvería otra vez con ese especial hedor, otra vez
y así fue
ella llegó a las 3 de la mañana
inmunda como un cerdo comemierda
y
él agarró el cuchillo de carnicero
y ella gritó
retrocediendo contra la pared de la pensión
todavía bella, de algún modo
a pesar de que el amor se esfumaba
y él terminó el vaso de vino.
Ese vestido amarillo
su favorito
y ella gritó de nuevo.
Él agarró el cuchillo
y se desabrochó el cinto
se arrancó la ropa delante de ella
y se cortó las bolas.
Y las llevó en sus manos
como nueces
las dejó caer en el inodoro
y tiró de la cadena
y ella seguía gritando
mientras la habitación se ponía roja.
¡DIOS, OH, DIOS!
¿QUÉ HICISTE?
Él se sentó ahí sosteniendo 3 toallas
entre sus piernas
no importándole ya si ella se iba o
se quedaba
si se vestía de amarillo o de verde ni
ninguna otra cosa.
Mientras con una mano sostenía las toallas
levantó la otra
y se sirvió otro vino.

sábado, 16 de octubre de 2010

La atmósfera postmoderna de Sara Blake


Encontré en la NET a Sara Blake y su portafolio de ilustraciones  ZSO. No sólo por la aparente levedad de su paleta y su colorido quiero compartir sus trabajos, sino por su atmósfera postmoderna que nos permite recordar el simbolismo de los indios de Norteamérica con evidentes pinceladas del comic. Ilustraciones en las que tanto el pincel como el hábil manejo de photoshop nos permiten una gama variadísima de creaciones que de alguna manera ya se encuentran en nuestra memoria.
Quienes quieran conocer un poco más su trabajo pueden visitar su blog: http://www.hellozso.com/

















martes, 12 de octubre de 2010

Instituyó la UNAM el Festival de Poesía “Carlos Montemayor”


Carlos Montemayor

A partir de este año llevará el nombre del impulsor de dicho festival, cuya pasión por las letras lo llevó a revalorizar las lenguas indígenas como testimonio cultural, destacaron.


Notimex
Publicado: 12/10/2010 08:58

México, DF. La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) instituyó anoche el Festival de Poesía “Las lenguas de América” con el nombre del escritor, traductor y activista social en defensa de las comunidades indígenas Carlos Montemayor (1947-2010).

Al inaugurar la cuarta edición del encuentro, en la Sala Nezahualcóyolt, del Centro Cultural Universitario (CCU), el director del Programa Universitario México Nación Cultural (PUMNC) de la UNAM, José del Val, anunció que a partir de este año el festival llevará el nombre de su impulsor, cuya pasión por las letras lo llevó a revalorizar las lenguas indígenas como testimonio cultural.
Ante miembros de la comunidad universitaria y con la presencia de Susana de la Garza Montemayor, viuda del escritor chihuahuense, Del Val afirmó que dicho festejo, reunirá a poetas nacionales y extranjeros que realicen aportaciones en el campo de la literatura en sus lenguas originarias y se efectuará de manera bianual.
Asimismo dijo que este festival, que tiene como uno de sus propósitos no distinguir entre lengua, idioma o dialecto, representa un encuentro de poetas, de la palabra, de la belleza, del sentido y del significado del mundo.
Al respecto, el connotado historiador mexicano, Miguel León-Portilla, expresó su beneplácito porque el festejo lleve el nombre de autor de obras como Pueblos indios en México y Chiapas. La rebelión indígena en México, pues afirmó que evocarlo es traer a la memoria a un “gran humanista, a un hombre del renacimiento”.
El célebre estudioso de las lenguas y culturas indígenas de México, así como filósofo, resumió brevemente las aportaciones de quien fuera defensor de los derechos humanos y de los pueblos indígenas, y afirmó que tras su muerte México perdió mucho, se empobreció.
“Fue un hombre extraordinario que llegó a conocer además de su lengua materna, el griego, el latín, el francés y el inglés. Fue un hombre que conocí por 30 años y ambos cojeábamos del mismo pie: el del amor por los pueblos indígenas y la defensa de sus derechos”, subrayó.
León-Portilla destacó la escritura de Montemayor y refirió que no solo tenía el talento para las letras, sino también para cantar ópera, como tenor, lo cual, aseguró, “hacia muy bien”.
El festival promueve la literatura en lenguas originarias como parte del acervo cultural de México y del mundo, incluidos los cuatro idiomas de origen europeo que se hablan en América: español, inglés, francés y portugués.
Durante la jornada inaugural del festival, por tres horas 12 poetas participaron de forma alternada: Hugo Gutiérrez Vega, Albert Moritz (inglés, Canadá), Angélica Ortiz López (wixarika, México), Briceida Cuevas (maya, México) y Elicura Chihuailaf (mapuche, Chile). También, Irma Pineda (zapoteca), Ledo Ivo (portugués, Brasil), Natalia Toledo (zapoteco, México), Natalio Hernández (náhuatl, México), Odi Gonzales (quechua, Perú), Paul Bélanger (francés, Canadá) y Susy Delgado (guaraní, Paraguay).
Durante su intervención, cada uno recitó poemas que tienen que ver con las costumbres y tradiciones de sus respectivos comunidades o países. De igual manera, los vates hablaron sobre la vinculación que tuvieron con el escritor Carlos Montemayor, así como de la seguridad que les infundió para plasmar su poesía.


domingo, 10 de octubre de 2010

Dylan Thomas: Un payaso en la luna

Azul y rosa, foto de Francisco Javier Gimenez




Como pétalos de una rosa mágica,
lentamente, caen mis lágrimas.
Y todo mi dolor fluye
de una oscura grieta
de cielos y nubes olvidadas.

Pienso, la tierra es tan triste y hermosa,
que si la tocara se derrumbaría,
como un sueño, temblorosa.



.............................................................................
Traducción de JMM

sábado, 9 de octubre de 2010

Mario Gallardo: Pichulita Vargas Llosa o el Nobel para un castrado


(Demoledor, agresivo, punzante, inteligente, crudo y puntual. En este breve ensayo Mario Gallardo vuelve a hacer gala de sus atributos críticos para colocar en su sitio a dos momias: Mario Vargas Llosa y el mismo Premio Nobel).
Una breve ojeada a la historia del Nobel revela que es un premio frecuentemente marcado por el sinsentido, por la estulticia y la más burda manipulación. En un recordado artículo, Oscar Collazos demostraba que la lista de los grandes escritores que murieron sin haberlo recibido, reviste una dignidad que no acompaña a la de los triunfadores.

“No volveré a hablar de Marcel Proust ni Nabokov, de Joyce o Ezra Pound. Prometo que nada diré de Graham Greene o Robert Musil. Nada de Virginia Wolf y Herman Broch, de Marguerite Yourcenar o Robert Graves, que se murió en Deià, Mallorca, soportando el estigma de ser el poeta vivo más “importante” en lengua inglesa. Cada uno, por separado, y nosotros, en amorfa masa de admiradores, sabemos que es más fácil sobrellevar la injusticia que soportar el equívoco del éxito, sobre todo cuando éste está legitimado por la dudosa unanimidad de un gran Premio.
Sería preferible hablar de Joao Guimaraes Rosa, de Juan Rulfo y Alejo Carpentier, de José Lezama Lima y Juan Carlos Onetti, ya que es prácticamente imposible pensar que los suecos anteriores a 1959 conocieran la obra inmensa de Alfonso Reyes, como sí es probable que, de paso, hubieran leído traducciones de César Vallejo y Vicente Huidobro.”

Así evaluaba Collazos al inicio de su artículo “La importancia de no seguir esperando” el agridulce tema del Nobel, y nosotros podríamos agregar otras precisiones. Por ejemplo, la que tiene que ver con el hecho de que la Academia Sueca se resiste a reconocer al genio joven, atrevido y transgresor, por el contrario, prefiere al capo cuya obra es unánimemente reconocida, al gurú incuestionable del boom, pero que en el fondo ya no hace más que sacarse las pulgas del chaleco y repetir, en altisonante cantilena su receta, la que reconoce la claque y espera con avidez la última reencarnación del "lector hembra". También distingue a los suecos su tendencia inveterada a premiar la corrección política, la filiación acertada y el más visceral oportunismo, en otras palabras, destaca su predilección por aquellos que saben vivir sin quebrar un plato, aquellos que se afilian a los clubes de prestigio y gozan de las ventajas de pertenecer al International Pen.

Ayer la Academia Sueca actuó en consonancia con sus parámetros, con sus filias y sus fobias, al premiar a un Vargas Llosa en pleno declive intelectual, un escritor cuyas tres últimas novelas están muy lejos de la brillantez alcanzada con La casa verde, La ciudad y los perros o Conversación en la catedral. El autor al que premian, de hecho, ya no se reconoce, ya es imposible identificarlo, con esas obras cuyo signo común es la denuncia penetrante de los vicios de un sistema atroz a través de una narrativa atrevida, cuya estructura de vasos comunicantes era el vehículo perfecto para cuestionar la realidad latinoamericana individualizada en personajes como el Jaguar, el Poeta, Lituma, La Selvática, Zavalita, Ambrosio o Cayo Mierda. Y si nos remitimos a sus ensayos, la realidad es aún más triste, porque pese a la insistencia de Vargas Llosa por reivindicar una supuesta filiación democrática, en el fondo es incapaz de esconder su vocación fascistoide, que resulta imposible de ocultar cuando se leen sus lamentables “reflexiones” alabando el bombardeo inmisericorde y la invasión a Irak, o sus empalagosos y a veces tartamudeantes elogios a Bush y a la Thatcher, que se revela como senil objeto de deseo para este miraflorino con ínfulas de gentleman.

Pero el tema no se agota aquí, porque viene acompañado con una veleidosa tendencia, que ya había sido advertida en la Historia personal del boom, de José Donoso, en cuya página 175 podemos leer: “Mario Super Star”, el vedetismo como acción política. No sé si se siente atraído por el poder en sí. Me parece más probable que sea una actitud deportiva, casi estética por sus dimensiones...”. Y el vedetismo encontró su expresión natural, pero también a su némesis en 1990.

Pero antes de continuar es necesario regresar al año de 1967, cuando Vargas Llosa publica uno de sus textos más íntimos: Los cachorros. Los estudiosos coinciden al señalar que en esta nouvelle conviven elementos realistas y simbólicos, inmersos en una narración sencilla, casi un bildungsroman colectivo cuyo argumento discurre “a través de la adolescencia y la juventud, los problemas de adaptación, la sociedad fiera que castiga al que no sigue sus reglas o cumple sus requisitos...). La novela muestra la falta de adaptación propiciada por algo insalvable, la castración física. Esta castración puede simbolizar esa falta de machismo en el personaje (Pichula Cuéllar), rasgo que caracteriza esta sociedad retratada. Cuéllar, sin embargo, nunca rechaza este machismo, si no que intenta adaptarse a él, aun sabiendo que no puede”.

Y es que su protagonista, Pichula Cuéllar, ha sido enmasculado por un perro, Judas, en una escena llena de violencia: "Ahí, encogido, losetas blancas, azulejos y chorritos de agua, temblando, oyó los ladridos de Judas, el llanto de Cuéllar, sus gritos, y oyó aullidos, saltos, choques, resbalones y después sólo ladridos, y un montón de tiempo después el vozarrón del Hermano Lucio, las lisuras de Leoncio, los carambas, Dios mío, fueras, sapes, largo largo, la desesperación de los Hermanos, su terrible susto." Y el narrador añade: "Por ese tiempo, no mucho después del accidente, comenzaron a decirle Pichulita". Las desgracias para Cuéllar continúan hasta culminar con un desenlace anunciado: su muerte: "Entonces Pichula Cuéllar volvió a las andadas. Qué bárbaro, decía Lalo, ¿corrió olas en Semana Santa? Y Chingolo: olas no, olones de cinco metros, hermano, así de grandes”..."Cuéllar ya se había ido a la montaña, a Tingo María, a sembrar café." "... y ya había vuelto a Miraflores, más loco que nunca, y ya se había matado, yendo al norte, ¿cómo?, en un choque, ¿dónde?, en las traicioneras curvas de Pasamayo, pobre, decíamos en el entierro, cuánto sufrió qué vida tuvo, pero este final es un hecho que se lo buscó."

Castración y muerte, nada más, nada menos. Y la sociedad, o sea los amigos de Pichulita, prosiguen normalmente con sus vidas hasta que su castración, desgracias y muerte quedan en el más sordo de los olvidos. Cuántos de los temores de Vargas Llosa, cuántos de sus demonios interiores, fuente confesa de su inspiración, anidan en este relato, una narración reveladora en la medida que podría explicar su actitud ante los sucesos de 1990, que marcan su alejamiento (¿castración?) de la vida política y su rechazo visceral ante toda forma de reconocimiento a la soberanía popular, una actitud de despecho ante el rechazo que tuvo su candidatura a presidente, manifestada por el 62% de la masa electoral que se volcó a favor de un cuasi desconocido Alberto Fujimori, quien lo derrotó por un amplio margen de 24 puntos (Vargas Llosa obtuvo un 38%) en la segunda ronda realizada el 10 de junio de 1990.

Ese 10 de junio de 1990, Vargas Llosa sufrió la misma suerte que el atormentado protagonista de Los cachorros, ese día el pueblo peruano, ese ente al que en más de una ocasión ha tildado de masa amorfa e ignorante, prefirió a un oscuro inmigrante japonés antes que a su gloria literaria nacional, y ese mismo día Vargas Llosa se metamorfoseó en un Pichulita castrado y rencoroso, incapaz de comprender tal afrenta.

El rencor se acumuló con los años y se convirtió en una carga pesada que Vargas Llosa se empeñaba en exorcizar a través de pírricas victorias, como al nacionalizarse español en 1993; de celebraciones chuscas, como en 2002, cuando se apresuró a celebrar lo que consideraba la salida de Chávez del poder tras la intentona golpista de Carmona y la derecha venezolana; o erigiéndose en entusiasmado primate, como en agosto de 2009, cuando se declaró a favor del golpe de estado en Honduras, en una entrevista que los medios al servicio de la burda e igonorante oligarquía catracha han repetido hasta el asco este 7 de octubre con ocasión del Nobel.

Pero hay un dejo inconfundible de tristeza en cada una de sus acciones, que se tornan un pálido calco de las hazañas con que Pichula Cuéllar intentaba ocultar su miserable condición de eunuco, aquel navega olas y corre en su auto a temerarias velocidades, mientras su creador pugna por acumular premios y honores. Pero en el fondo ambos están conscientes de sus elementales carencias: a uno Judas le comió sus genitales, mientras que al otro, el pueblo peruano le restregó en la cara su atávico desprecio, truncando para siempre su vedetismo más íntimo. A partir de ahora, Pichula Vargas Llosa vagará por el mundo con un talego repleto de dólares, la barriga llena, la conciencia sucia y el Nobel bajo el brazo, con la secreta esperanza de que un buen día por fin deje de escuchar los amenazantes ladridos de Judas, que le persiguen desde aquella noche triste del 10 de junio de 1990.