viernes, 31 de octubre de 2008

La bestia escondida



Por Jorge Martínez Mejía



Desde el escondrijo de mi nombre veo pasar a los arrieros. Me he detenido en el inmundo fondo oscuro, a pesar de mis atuendos limpios, y les he visto buscarme con afán desmedido, con verdadero ahínco, con el instinto de los animales que tiemblan de miedo. Me he tendido casi a su lado para ver de cerca sus gestos y he visto como el odio se suaviza con el agua. Se han dado un descanso en la búsqueda y lavan sus ropas y sus cuerpos agitados. De las calles enlodadas por las que han corrido debajo de la lluvia han traído su fango en las faldillas. Antes yo he corrido por esas mismas calles, temeroso de mi muerte, y he encontrado el sitio justo para esconderme debajo de mi nombre. Hoy les veo, apaciguados ya, suavizados por el agua limpia de la fuente y el agotamiento. Su indulgencia por fin asoma como un niño a la caverna en donde la bestia resuella dormida.

martes, 28 de octubre de 2008

Jazz de la lluvia




La ciudad está destrozada.
Hay aviones que oscurecen
la jornada,
el tiempo,
los techados.
El agua nos llega hasta el cuello,
y casi nadie sabe nadar.

La lluvia rompe los cielos
y cae triste,
profunda,
estrepitosa.

La ciudad está destrozada,
invadida de vientos y agua.
Han muerto personas a causa del huracán.
Casas derrumbadas,
deslizamientos de tierra,
gente extraviada,
enferma, ahogada.

Y yo aquí,
escuchando el jazz de la lluvia, tomando café,
leyendo a Octavio Paz y a René Char.
Escribiendo algo similar a la poesía,
como si nada.

Karen Valladares

"Ahora soy un poeta"


-Soy un ninja, Chico migraña. Tengo mis chacos y mis estrellas.
-¡No eres un ninja, eres un chico vistiendo un traje de ninja!
-Mira, ahora soy un poeta, Chico migraña.

domingo, 26 de octubre de 2008

A un mes del aniversario de la muerte de la poesía





Libre de rémoras literarias y de cosas memorables; de la sala de recuerdos intensivos y del ritmo y de la borrachera, de mi cabeza calva, de mis viejos poemas. Sólo un recuerdo. Cuando pequeño abrí un abanico de juncos y apareció mi caballo haciendo ruido con sus patas veloces. Debí volverme antes de quedar atrapado. Son los recuerdos la peste, la boina gris, la imagen guardada en la retina. Hay que exiliarse en algún lugar antes de padecer la lógica musical, la reflexión y el afecto.

lunes, 20 de octubre de 2008

El hombre que conoció al famoso Agustín Fernández Mallo

“Y casi conocí en una ocasión a Michi Panero,
y es bastante más de lo que jamás soñaríais en mil vidas…”
Nacho Vegas


Por Darío Cálix
1
Supe de la existencia de este escritor español llamado Agustín Fernández Mallo, por un artículo que apareció publicado hace unos días en un blog de literatura que visito regularmente. El artículo era sobre la novela Nocilla Dream, publicada en el 2006. Hablaban en el artículo de la estructura fragmentaria de la novela, mencionaban algo sobre “zapping literario”, hablaban sobre el argumento de la novela, o más bien, sobre la falta de argumento de la novela. Como un collage, decían, 2666, decían, pequeñas historias superpuestas, decían. En resumen, un artículo bastante interesante, un autor nuevo e interesante. Encontré otras reseñas en otros sitios de internet y todos coincidían: el señor Mallo era el hombre a leer y a seguir en la nueva narrativa.
En aquel mismo artículo daban la dirección del blog de Mallo. Puta, pensé, qué será que a todos los escritores les da por abrir blogs. Click: Alfaguara no sé qué, blog de Agustín Fernández Mallo, El hombre que salió de la tarta. El último post publicado se titulaba “El pop también se lee”, trataba sobre la relación entre las letras de las canciones y la poesía. Mencionaba a varios compositores españoles que yo escucho con fervor actualmente: Nacho Vegas, Javier Corcobado, Sergio Algora, Robe Iniesta, etc. También mencionaba a Dylan, por supuesto; también a Waits, Cave, Cohen y todo el resto de la pandilla. Me cayó bien el tal Mallo, pensé que al menos podría sostener con él una buena charla sobre música.
También había ahí una pequeña biografía del autor. Y decía así:
Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967) es licenciado en Ciencias Físicas. En el año 2000 acuña el término Poesía Pospoética —investiga las conexiones entre el arte y las ciencias—, cuya propuesta ha quedado reflejada en los poemarios Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus (2001), Creta lateral Travelling (2004) y el poemario-perfomance Joan Fontaine Odisea [mi deconstrucción] (2005). En 2007 fue galardonado con el Premio Ciudad de Burgos de Poesía por su libro Carne de Píxel. En el 2006 publica su primera novela, Nocilla Dream, que fue seleccionada por la revista Quimera como la mejor novela del año y por El Cultural de El Mundo como una de las diez mejores. Crítica y público han coincidido en el deslumbramiento que está suponiendo este Proyecto Nocilla para las letras españolas, del que Nocilla Experience constituye la segunda entrega de la trilogía, y que concluirá con Nocilla Lab.
Física, como el buen Parra. Poesía pospoética, ¿qué carajos es poesía pospoética?, ¿la poesía después de la poesía? ¡Qué discurso se echaría el poeta del grado cero, Jorge Martínez, sobre eso! ¿Se echaría un discurso el poeta pospoeta sobre los Poetas del grado cero? En fin, mejor sigamos. “Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del tractatus”, me parece un título genial. Me recordó de nuevo a Parra, que dice en alguno de sus primeros antipoemas: Los mortales que hayan leído el Tractatus de Wittgenstein pueden darse con una piedra en el pecho porque es una obra difícil de conseguir… Con la pena, mi Parra, yo no me puedo dar con una piedra en el pecho todavía.


Pospoética, poemario-performance, carne de píxel, dream experience lab, nocilla nocilla nocilla… No tengo idea si el tal Mallo escribe bien o no, pero moderno sí que suena el cabrón.
2
¿Qué teoría tendrá el físico Agustín Fernández Mallo sobre el azar? ¿Y el pospoeta, el narrador, el ser humano? Hoy me dejaron de tarea en una clase escribir un ensayo sobre una serie de cuentos que publicó recientemente la revista española Letras libres, entre los cuales uno era del señor Mallo. Ve nomás qué casualidad. Williamsburg, N.Y., es el título del cuento, y trata de ésa ciudad, que es en la que supuestamente habitan más artistas por metro cuadrado en el mundo.


El señor Mallo evidentemente no ha viajado nunca a Tegucigalpa, fue lo primero que se me pasó por la cabeza al terminar el cuento. Lo segundo fue que había superado las expectativas que tenía. Y lo tercero, que debía encontrar la manera de leer esas jodidas novelas Nocilla. Pero está difícil, la única manera de conseguir sus libros aquí es ordenándolos por internet, y aun si los vendieran los venderían carísimos, así que da igual (aunque si los vendieran al menos los podría robar). Le pregunté a varios amigos si lo tenían y nada.
Y yo que gasto el poco dinero que me cae en cigarros y pendejadas…
3
Había dejado un comentario aquella vez en el blog del tal Mallo y a los días recibí un correo suyo. Sí, un correo del famoso físico y pospoeta Agustín Fernández Mallo. ¿Y las letras de Patti Smith no te parecen poemas?, le comenté al ver indignado que no la mencionaba por ninguna parte. A lo que contestó: Las letras de Patti Smith me parecen poemas de Bob Dylan en esteroides. Me arrepentí inmediatamente de haber hecho esa pregunta tan estúpida, pero yo qué iba a estar sabiendo que me iba a contestar.


De cualquier forma, eso inició una interesante y nada corta correspondencia entre nosotros. Hablábamos casi exclusivamente de música. Una vez le pregunté por la pospoesía y se echó un discurso de tres páginas sobre una fusión entre ciencia y poesía y que no entendí en lo absoluto. Una vez le conté sobre la poesía del grado cero y sólo me dijo: Menudo gilipollas. Una vez me preguntó si había leído alguno de sus libros y yo le contesté que no, que a mi pobre país no llegaban todavía, pero que sí tenía muchas ganas de hacerlo (intenté darle lastima para que me mandara algunos ejemplares pero no funcionó).
Así pasaron un par de meses hasta que una vez me preguntó si no me gustaría ir a España. Pero claro que me gustaría, pospoeta Mallo (así le decía), pero lo veo como imposible. Yo te invito, me dijo. Dejá de joder, pospoeta Mallo. No seas tan gilipollas, me dijo, yo te pago el pasaje y todo lo demás por una semana; te llevaré a varios eventos, considéralo como una mini-beca o algo así que te estoy otorgando. ¿La mini-beca pospoética?, le pregunté yo por joder. No, la mini-beca Nocilla, me contestó.
4
De España sólo diré que es helada, nada más. Recuerdo que iba muy nervioso en el taxi camino a la casa de Agustín Fernández Mallo, recuerdo que inventé una especie de juego para calmar los nervios, ya que el taxista no me dejó fumar (lo cual casi que me espantó, pues hasta ese día siempre que imaginaba un español lo imaginaba con semejante puro en la boca). El juego consistía en encontrar la mayor cantidad de escritores famosos que pudiera entre la multitud. Por un segundo me pareció ver a Vila-Matas en un café, pero un carro se atravesó justo en el momento y no lo pude confirmar. Al que si vi fue a Panero, en un parque, intentando atrapar una paloma y echando grandes carcajadas. Por la risa lo reconocí.
Llegué. Toqué tres veces la puerta y ahí estaba el hombre, el pospoeta, el narrador del momento, Agustín Fernández Mallo. Has llegado al fin. Bienvenido, hombre, pasa adelante. Hola hola, gracias gracias. En ese momento me golpeó todo: el gran cansancio que tenía, el estrés, los nervios y, sobretodo, lo bizarro de estar ahí en una casita española frente al señor Mallo. En pocas palabras me sentí abrumado. Estoy muerto, pospoeta Mallo, le dije. Me llevó al cuarto que más bien parecía ropero en el que iba a dormir y ahí mismo me desplomé.
El día siguiente Mallo me llevó a conocer la ciudad. El miércoles lo acompañé a una conferencia (como espectador, obviamente) que duró toda la tarde y en la cual no pude evitar dormirme. Te tiene jodido el jet lag, eh, gilipollas, me dijo en la noche Mallo mientras nos tomábamos una cerveza. Yo sólo me reí. Agarré al fin valor y le dije que quería leer sus novelas, que me las prestara cuando llegáramos a casa. Mallo le dio un gran trago a su cerveza y me preguntó: ¿Ya llegaron los libros de Julio Cortázar a tu país? Puta, Mallo, no estamos tan jodidos, le contesté. Claro que ya llegaron, la mayoría ya llegaron. Mallo asintió y nos quedamos callados un buen rato. ¿Y qué tiene que ver Julio Cortázar?, le pregunté al fin. Que Nocilla es como una Rayuela serie B, me dijo. Serie B, repetí yo como en trance. Sí, serie B, dijo de nuevo Mallo como en trance también. Y en ese momento me pareció ver a la Maga, o a la imagen de la Maga que yo fabriqué cuando leí Rayuela, salir del bar y me sentí feliz y pedí otra cerveza.
5


Maté al jodido pospoeta Mallo. Lo maté un día antes de venirme de regreso. Lo maté porque no me dejó leer sus novelas. El jueves, viernes y sábado dio aburridísimas conferencias en las que me dormí siempre. No entiendo para qué me invitó, las conferencias no eran ni siquiera de literatura sino de física (de esto me di cuenta hasta en la última), y a mí qué diablos me importa la física. Todos los días le pedía sus novelas y me contestaba con evasivas. ¿Ya llegaron los libros de tal autor a tu país?, me preguntaba con sarcasmo. Sí, hombre, por supuesto. Ahora dame tus novelas, quiero leer las famosas novelas Nocilla. Recordá que esta es la mini-beca Nocilla, le decía yo al pospoeta Mallo, pero siempre se hacía el loco.
El domingo, el último día de mi estadía en España, le dije que ya estaba harto, que me diera unos malditos ejemplares de sus malditas novelas o que se iba a arrepentir de haberme invitado. Pues la verdad es que no mantengo ningún ejemplar de mis libros en casa, gilipollas, me dijo en un tonito bien estúpido. Pues entonces dame dinero para ir a comprar unos ejemplares, mañana me voy y todo lo que quería era leer las famosas novelas Nocilla, carajo. Mallo sólo se rió, y ahí fue cuando perdí la cabeza. Mirá, hijo de puta, le dije, vine hasta acá para leer tus putas novelas de mierda y no me voy a ir sin hacerlo. Vas a tener que esperar a que lleguen a tu país, gilipollas, me dijo. A mí la verdad es que me parecen malísimas, me arrepiento de haberlas publicado. Lo mío lo mío la verdad que es la física, decía Mallo, pero yo ya no lo escuchaba. ¿No me has visto en las conferencias, gilipollas? Soy todo un pro, dijo Mallo, y ahí fue cuando lo maté. Le estrellé en la cabeza una espantosa lámpara de lava color verde que mantenía siempre encendida sobre la mesa.
Le di vueltas a toda la casa buscando algún ejemplar pero todo fue inútil. Sólo habían libros de carácter científico. Tal parece que el pospoeta Mallo había renunciado a la literatura. Sí encontré en cambio el Tractatus de Wittgenstein, así que hice mis maletas, tome mi pasaje de avión, le vacié los bolsillos al gilipollas de Mallo para pagar el taxi y me di con una piedra en el pecho por él, por dios y por Parra.

domingo, 19 de octubre de 2008

Un Menard descarriado

Duchamp: Élevage de poussière



Por Jorger Martínez Mejía


Hace quizás unos veinticinco años leí a Claude Levi-Strauss, La Antropología estructural. Sin conocer toda su obra supe que sería uno de mis maestros, de mis filósofos. Quizás sin comprender su importancia en mi formación académica, más bien por curiosidad, compré su libro en la librería Ghandi, en la ciudad de México. La contrapolación del sentido total de la historia me produjo un desconcierto brutal. Recordaba los referentes de Engels sobre los estudios de Morgan respecto de las culturas precolombinas. Había una fascinación en mí, pero también algo se rompía respecto de que cada cultura es una estructura, una historia independiente. No sé, pero es trascendente el momento en que el todo se fragmenta y empieza la enorme duda tocante a lo que somos como estructuras independientes. Así entendí el estructuralismo. Una profundización del conocimiento occidental, un aporte de la antropología estructural. De alguna manera lo percibí como una celda hexagonal similar a las de las abejas. Después recordé que la imagen de las celdas de las abejas la obtuve en una revista de literatura mexicana en la que se ilustraba el estructuralismo con esta imagen. La idea de la similitud y la diferencia plantean enormes retos. Por ejemplo ¿en qué se diferencia lo semejante o qué semejanzas hay en las diferencias? No tengo idea de las ocasiones en que divagué acerca de este asunto, pero se trataba de una pugna casi inconsciente. Creo haber leído por ese entonces a Oscar Lewis y a Desmond Morris. Ensayos modestos pero que cargaron de imágenes mi trastornada imaginería de entonces: Las Mujeres corazón de Hombre, El Mono desnudo. Las huellas de estos libros se cifraron particularmente en la relación hombre-hembra. Una huella especial es el hecho de que entre más nos estudiamos más desconocemos la esencia de lo que somos, o más nos distanciamos de la idea original que teníamos de nosotros mismos. La interpretación global que teníamos se va resquebrajando e indefectiblemente afectará nuestra percepción del mundo. La ciencia la perturba, la religión, la poesía. Otro enorme dilema lo constituía la vigencia del pensamiento marxista. ¿Qué del marxismo es vigente? ¿La conciencia interventora que afecta la historia? ¿La conciencia histórica? ¿La dialéctica? Leí por ese tiempo “El hombre unidimensional” de Herbert Marcuse, algo extraño sonaba en el fondo. Lo memorable era que el clásico papel del proletariado como vanguardia política quedaba a un lado, e insinuaba que la energía erótica natural se habría paso para construir una sociedad de paz, en plena armonía y cooperación natural. Marcuse era muy difuso, esencialmente sus planteamientos partían de cierto análisis semiótico de la memoria de occidente. Planteaba por ejemplo que cambiando el sentido de la memoria (de las imágenes) que guardamos en nuestro subconsciente, podríamos transformar la sociedad. De modo que para poder liberarnos de la sociedad industrial, teníamos que liberarnos de nosotros mismos, de nuestras imágenes. No se trataba de un desastre de teoría, pero sí de una desorientación a todas luces. Esto es lo que me sonaba extraño. El análisis de la sociedad industrial con sus mecanismos de dominación ideológica en contraposición del individuo que lucha solo frente a ella, de manera espontánea, anárquica. Fue Jorge Sagastume quien compró el libro Marcuse frente a sus críticos, antes yo había comprado Eros y Civilización y a pesar de que nos gustaron los argumentos en contra de las tesis de Marcuse, no creo que hayamos discutido muy a fondo el asunto, excepto por el desplazamiento del proletariado del eje de conducción política de la revolución. Luego los comentarios con mis amigos patafísicos de aquel entonces. Un tema relevante de mis lecturas superficiales era ese concepto de los “revisionistas”. ¿Quiénes eran los revisionistas? ¿Quiénes eran los ortodoxos del Marxismo? Quizás no tuve los libros que en aquel momento hubiera querido y tampoco se trataba de sutilezas. Muchos años antes de que nosotros discutiéramos sobre asuntos estrictamente políticos relacionados con el pensamiento, en otra parte Jean Paul Sartre marchaba con los obreros en París y exponía su idea de la pre-existencia del hombre ¿Y a quién le importa lo que dijo Sartre, ahora? ¿O Albert Camus más que su “Mito de Sísifo”? En El extranjero casi era intolerable la impasibilidad del protagonista, tan auténtica y brutal. No se trata de estética en el fondo, no es una pose baladí decir que algo muere y burlarse de su rictus. Entre nosotros (me refiero a ciertos lectores comprometidos ¿Con qué?) discutíamos asuntos relacionados con la destrucción. Nos gustaba esa sensación nostálgica de Neruda o la intensión de ruptura de Tristán Tzara, de Bretón, Reverdy y Mallarmé. Vallejo en el fondo siempre fue un grito encerrado en un adobe de tierra roja, rota y reacia a terminar de romperse. Nos fascinaba de alguna manera el sentido de dolor y ensimismamiento poético, pero en una transpolación del dolor ajeno al propio, o a la inversa que es la misma cosa. ¿A qué autores leíamos entre mis camaradas que nos ayudaran a interpretar esta pendejada? Schopenhauer, Nietzche, Afanasiev, Erick From, Lefevre, Séneca, Brecht, Marx, Engels, Harnecker, Luxemburgo, Trotski, Mariáteggi…Mao, Maquiavelo, Tzun Zu, ¿Quién trajo a Isaiah Berlín? Para mí, en aquel momento, un derechista inaceptable. Recuerdo que mi amigo Wilson Maretti leyó con voracidad sus escritos casi arrebatándomelos de las manos, sólo para caer posteriormente, sin darse cuenta, en una actitud conservadora, tan procaz y cínica, que a nadie le producían gracia sus desaforadas alusiones a la disciplina alemana, o el perenne elogio lameculo de los gringos de la Zona Americana. De la noche a la mañana se había convertido en un experto en Karl Mannheim, y le venía bien. Mucho tiempo tenía que haber pasado para que llegara a conocer a fondo una teoría que encajara perfectamente en la estructura perfecta de su “zona de guerra”. Mannheim fue el punto de partida para dos o tres intelectuales que a penas esbozaron sus pergeños teóricos o sus dislates novelescos, pretensiosas chapucerías de ficción, poemas gay o diatribas noveladas. En mí particularmente, mis lecturas escogidas o no, produjeron un sentido idealista, un interés en construir una sociedad para la cual creía estar listo, una sociedad socialista, una utopía artística sin ninguna restricción para la producción de ideas. En una ocasión, el Doctor Roosevelt Borjas, distinguido antropólogo y enemigo mío por unas horas, presentó su libro ¿Por qué no se ha muerto de hambre Honduras? Y en su presentación expresó su percepción: Ya no existen las utopías, han caído. Me sentí ofendido. Levanté mi mano y le grité: ¿Cómo es posible anular los sueños del hombre? Posteriormente escribí algo al respecto. Después mi trabajo revolucionario con campesinos, mis fugas, mi poesía combativa y mis hojas derramadas. Mi musa. Mis lecturas detenidas de Góngora, Neruda, Vallejo, Huidobro, Alfonso Reyes, Efraín Huerta, Juan Bañuelos, Octavio Paz, Borges, Octavio Paz (el ensayista), Benedetti, Fernández Retamar, Otto René Castillo, Roque Dalton, Ernesto Cardenal, Jaime Sabines, Pablo Antonio Cuadra, Cisneros, Álvaro Mutis, Ungaretti, Seferis, Pavese, Leopardi, Cavafis, José Juan Tablada, Xavier Villaurutia, Elliot, Pound, Keats, García Lorca, Alexandré, Juan Ramón Jiménez, Whitman, otra vez Tristán Tzara, Baudelaire, Horacio, Catulo, Safo…Dante, Virgilio, José Carlos Becerra, Raúl Garduño, James Joyce, Becket, Milton, Apollinaire, Rimbaud, E.E. Cummings, Lope de Vega, Poe, Wilburg, Alberti, Holderlin, Witman, Olga Orozco, Cuasimodo, Rilke, Parra, Miguel Hernández, Brecht, Mistral, Quevedo, Artaud, Bécker, Rugama, Basho, Li Po, Rosalía de Castro, Omar al Khayan, Petrarca, Amado Nervo, Alí Chumacero, Lezama Lima. Y todo librito que cayera en las manos: Ensayo literario, ensayo filosófico, Darwin, Hume, Einstein, Kant, Hegel, Nietzsche, Aristóteles, Rosseau, Sartre, Camus, Gabriel Marcel, Heidegger, Kierkeghaard, Schopenhauer, Lucrecio, Séneca, Renán, Benjamin, Vargas Llosa, Borges, Alfonso Reyes, Ortega y Gasset, Sábato; en fin, una lectura en avalancha, un desorden de lectura y una lectura incompleta que quizás jamás pueda ordenar ni completar. Quizás quien me ayudó un poco a entender el desastre que tenía fue Octavio Paz con su orden enciclopédico y su visión de galerista en el que contaba una y otra vez su versión de la fiesta. Estaba demasiado lejos del vacío existencial tan llevado y traído en la literatura, lejos de entender qué era yo en medio de aquella inmensidad de palabras, de esas versiones, de esos cuentos y recuentos. Sí entendía por ejemplo que había dos grandes bloques de autores, los realistas y los no realistas. Los que se sujetaban a la realidad social con una intensión política y los que filtraban todo a partir de su propia subjetividad. Y entre estos el emblema para mí era Kafka. Algunos textos académicos que ofrecían una clasificación de la literatura y sus movimientos sin conexión con la historia, con el contexto cultural, me parecían recetas de platillos franceses. No obstante tenía alguna preocupación por interpretar ese caos, por hallarle un sentido lógico a mi búsqueda. A pesar de la desbaratada carrera de muchos amigos que se hicieron ideológicamente a la derecha, o los que se volvieron locos y quedaron tirados en una montaña; a pesar de que yo mismo durante varios años estuve encerrado en las enseñanzas de don Juan Matus, Carlos Castaneda y don Víctor Sánchez, cabalgando con mi grupo de brujos a la inversa, hacia el origen de nuestros pasos; merodeando por el Lago Yojoa en busca de sombras milenarias atrapadas en alguna ensenada o cañón rocoso. Lo que me mantenía asido a mi enorme egolatría era ese sentido de búsqueda. Dentro de esta búsqueda o tras una nueva visión y con el enorme miedo de volver a encontrarme con otros revisionistas que desconocieran el aporte del Marxismo y de la Historia en la construcción de la sociedad socialista, y más como un encuentro en la literatura, asumí a un autor de extraordinaria relevancia en mi formación: Michel Foucault. Los estudios arqueológicos de Michel Foucault, su labor de investigador reconstruyendo al hombre de la modernidad mediante el descubrimiento de los dispositivos del capitalismo que operan en la formación del hombre moderno. La ubicación precisa del punto de quiebre de la episteme moderna. La ubicación del estructuralismo como una conciencia plural del saber contemporáneo. La duda respecto de la verdad o la crisis de la verdad como discurso que reina en el cielo de nuestras reflexiones y preocupaciones ontológicas. El discurso de lo inaccesible, de una semántica imposible, el despertar de una nueva e inquieta conciencia del hombre; en fin, un reencuentro con mis inquietudes de estudio y un remosamiento de la temática de mi búsqueda sin desdeñar el aporte del marxismo, pero ubicándolo, de igual modo, en la cola del positivismo, al mismo lado del psicoanálisis como corolario de los grandes relatos.

jueves, 16 de octubre de 2008

Un poema de Karen Valladares

Foto: Igor Amélkovich


Yo ya fui



Yo ya fui.
Ya soy.
Ya seré lo que sea en cualquier momento.
Y no digo de mi vida porque ya no sé si me pertenece…

Ya fui niña.

Fui niña y jugué con muñecas de moda

y con muñecas pasadas de moda.
Jugué landa caliente, chimiricuarta, escondite,

y todos los juegos posibles que me hacían olvidar por momentos eternos que algún día tendría que crecer y convertirme en adulto y estudiar.

Hoy ya soy adulto.

He tenido novios, amoríos, orgasmos.
Y eso sí, no sé cuántos.
He tenido que despertarme temprano, casi de madrugada durante años.

Yo ya soy la niña crecida, la mujer con pechos y piernas flacas.

La que busca trabajo por ratos para no ser mantenida.
La que escribe algo similar a la poesía,
porque desconoce cien por cierto la poesía,
pero escribe.
Escribe sobre los crepúsculos,
sobre la soledad que viste sus ojos,
sobre el hombre que le hace el amor,
el hombre que se la coge.

De la rutina aburrida de su vida,
de las tontas y absurdas historias de los taxistas
como si me importaran.

Yo ya fui niña.
Ya crecí.
Ya seré lo que todos quieren que sea,
pero díganme rápido qué quieren,
porque pasa el tiempo como viento y ni se siente.

Pasa el tiempo y aumentan los años
y todavía tengo rasgos de niña,
y de mujer
y de lo que posiblemente algún día sea.

miércoles, 15 de octubre de 2008

¿Por qué tanta presunción?

Foto: Pedro Martínez A.


El agua reina. Alrededor de esta casa, una calle se hizo laguna. En la esquina, en el remanso en el que se juntan los desperdicios, un perro muerto, azul de tanta agua, se desliza rozando la hierba, más leve y fabuloso que aquel poema de Baudelaire en el que París se moría en su hedor de urbe. Más religiosos que una mantis en su mortal amor, los buitres han bajado con su piel tímida para mostrarme que ningún color es más profundo. Bajo sus patas el agua es un manso camino, único para ellos en su viaje amable. Todas las personalidades, todos los carácteres, todos los hombres, todos los estilos literarios y la crítica, y la narrativa y la poesía misma; todo, en un segundo, fue similar al picotazo, al tripón verde que quedó atrás apenas para preguntarse ¿Por qué tanta presunción?

martes, 14 de octubre de 2008

Mejor dedíquense a vivir



Hola, poetas del glande cero…karen y yo nos hacemos el amor libres ya de toda fàbula, como aquella de la vaca que se ordeña a sí misma..me refiero a krisna ...
Vivimos, sobrevivimos sin poiesis…
Is posible…

Because i never say and before…
Murvin tu poesia es pésima…
Gus…you are un poeta de nada…sin cerveza.

Mejor dedí
quense a vivir..el tiempo es corto y las montañas se caerán un día
Nelson no existe.
Dario no quiere escribir más que tonterías parecidas a las de bukowsky…
Mario…ese libraco...ummmmmmmmmmmm…

Karen sigue escribiendo…y no es amor…

¡Ajúaa…que pedo hijos de putaaaaaaa!
Y Lempira nunca fue culero…

jueves, 9 de octubre de 2008

¿Es poeta del Grado Cero?

Foto, Irene Tinagli


-¡Bbbrrrrrr! -¡Bbbrrrrrr! -¡Bbbrrrrrr!
-¿Aló?
¿Dígame?
-Eeh, disculpe, creo que me equivoqué de número.
-No. No creo que se haya equivocado. - ¿Con quién hablo?
-Soy un poeta del Grado Cero.
-¡Ah, es poeta del Grado Cero? Con usted me hubiera gustado hablar.
-¿Sí? Entonces hablemos.
-Lo que pasa es que se me termina el saldo de este teléfono celular y tengo que seguir llamando a la persona que realmente busco.
-¿Entonces no quiere hablar con un poeta del Grado Cero?
-Sí, me encantaría, pero para hablar mierda cualquier otro día.