jueves, 2 de septiembre de 2010

Karen Valladares: Crónica personalisíma del III encuentro de escritores del Pacífico, Acapulco, Guerrero, México.

YA VOLVIMOS, SÓLO NOS ANDÁBAMOS TOMANDO UN CAFÉ...




Llegué a Acapulco tal como me lo había propuesto desde el día en que recibí la invitación. Una semana entre arena, playa, sol, mucho sol, y bebidas alcohólicas heladas para evitar el calor. Y poesía.

Salir de la habitación cada mañana, toparse con los demás poetas, y los no poetas, ver a un cangrejo que intenta cruzar el pasillo, como si tuviese alguna importante misión, algún mensaje del más allá para alguien del más acá.

Para mí cada mañana era emocionante, sentarme frente el balcón, con una taza de café, observar la plenitud del mar, y recordar un verso de alguien "entre el mar y yo, estabas vos". El bullicio de los amigos se acercaba a mí, con toda la intención de que yo lo reconociera, o quizá no. Pienso que en esos momentos de soledad ante el mar, todos, o la mayoría, nos transformamos, recordaba tantos versos míos, y de otros, recordé un verso de Antonio José Rivas, "los peces en el aire, y el agua sola" y recordé ese verso porque yo estaba sobre el mar, me sentía flotando, andando en otras aguas ajenas a las mías.

Quise transformarme, arrancarme, ser otra, insistir en el lenguaje húmedo de las olas y volver cada vez que fuese necesario. Entregarme a los nuevos amigos, a las nuevas voces, cruzar cada jornada de tiempo sin herirme, sin tropezar. Llegar a la noche y sentir las mismas sensaciones, pero esta vez nocturnas, cargadas de estrellas, de música al fondo, de buenas pláticas, de salir a caminar y cruzar el puentecillo que nos llevaba a la orilla del malecón.

Todos éramos felices, entonces, y no es que antes no lo fuésemos, pero era una felicidad distinta.
Allí me encontré con mi otro yo, me encontré de nuevo, y no me refiero a un alma gemela, o enamorado, no, me refiero a mi propia sangre, a mi propio cuerpo iluminado, a mi propia voz, acercándose a mí, y recordándome: allá de donde vienes, hay alguien que pronuncia lento tu nombre.

La nostalgia invade las despedidas y eso me ocurrió con cada abrazo y cada adiós que nos dimos un día antes de partir a nuestro destino.

Volvimos a transformarnos, a ser quienes éramos antes.
Llevando entre nosotros nuevos recuerdos.

Mientras volaba hacia México, desde Acapulco.
29 de agosto, 2010.