domingo, 29 de enero de 2017

HONDURAS: EL HUMANISMO EN EL SILLÓN CALIENTE





Por Jorge Martínez Mejía



No es fácil abordar al estructuralismo de sopetón. Especialmente cuando el tema llega después de que te preguntan ¿cómo es eso de que la poesía ha muerto?

Yo estoy en el punto cero de mi pensamiento, en modo decolonización, en revisión absoluta y sospecha de toda espina de eurocentrismo. 

Pues la poesía ha muerto, es definitivo, murió de muerte natural hace mucho tiempo y los Poetas del Grado Cero le untaron los santos óleos, le dieron la extremaunción. Murió de vacío, de carencia de contenido, de urgencia de apariencia, de pasaporte a la fama, de comidilla inútil y de aplauso de pie ante la nadería, de muerte de vanguardismo, de petrificación de lo sublime; en fin, murió. Pero la muerte de la poesía apenas es un síntoma de otras muertes.

Los poetas de Comayagua olvidaron las insondables profundidades de Edilberto Cardona Bulnes y su vínculo con Heidegger, sus poemas filosóficos y sus inquietudes semióticas (la temática de Cardona Bulnes en el Jonás son filosóficas y semióticas). Pero esas inquietudes van más allá, son preocupaciones filosóficas. Los poetas de Comayagua en la actualidad abandonaron esa linea poderosa de nuestro pensamiento, de igual modo que lo malogró Leonel Alvarado con su pusilánime estudio en Vida y obra de Bulnes, el Memorioso (Editorial Universitaria, 2007).

La pobreza del debate y una Universidad (UNAH) fallida en la construcción de escenarios propicios para el crecimiento del pensamiento, la anulación del pensamiento de los estudiantes como expresión de una pedagogía colonizadora, la imposición del discurso liberal, el positivismo y el marxismo, la fragilidad de la tradición académica y su desvinculación social, la adhesión y sometimiento de las autoridades universitarias al más rancio conservadurismo representado en el Partido Nacional, la invisibilización de las cosmogonías de los pueblos originarios y la descalificación de la lucha del Movimiento Social; todo un corpus de colonialidad que se materializa en la supremacía del erudito sobre el pensador, en el aplauso inútil y la pobreza del criterio, el elogio, la lisonja y la indigencia mental.

Entonces, por primera vez sentamos en el sillón caliente al Humanismo europeo. Lo acusamos de epistemicidio de las cosmogonías indígenas de América, de ser padre del individualismo y el liberalismo, hijo de la modernidad y retórica del capitalismo.

Una excelente noche en la sede del Movimiento País. Aún se levantan ronchas y las acusaciones de eurocentrismo produce asfixiados aspavientos, señal de acorralamiento, el estertor de la agonía, primeras señales de un nacimiento.

La deconstrucción de la modernidad como discurso del capital, la visualización de la "civilización europea" como hegemonía del saber, el discurso colonial imperante en la academia, una historiografía burguesa, escondida en el materialismo histórico como producto ideológico del eurocentrismo, etc.; todo comienza a caerse y a observarse como el aparecimiento del nuevo paradigma de América Latina.

Finalmente, vale la pena preguntar ¿a qué va a votar la población hondureña en el próximo proceso electoral, sino al más crudo liberalismo versus la ranciedad de una derecha asesina?

Vivimos en oscurantismo, por eso es que se ilumina la noche en Tegucigalpa cuando en el sillón caliente se sienta al Humanismo europeo.